¿Cuántas veces te ha ocurrido? ¿Una? ¿Dos-cientas? Inconscientemente sabemos que al bajar del coche nos vamos a llevar una pequeña -a veces no tan pequeña- descarga eléctrica, pero las prisas o las distracciones suelen jugar su papel evasor para que lo olvidemos y sigamos haciendo aspavientos ridículos ante ojos ajenos cuando nos pasa. Antes solíamos ver colgando de la parte trasera de los coches una tira que iba rozando el suelo para que esto no ocurriera (ahora las venden hasta para atártelas en la muñeca).

La ciencia explica las causas de este fenómeno. A medida que el tiempo se vuelve más frío y seco, somos más propensos ha recibir un calambre cuando salimos del coche, cuando tocamos una puerta o a otra persona.

La razón de este fenómeno radica en la transferencia de carga eléctrica de distintos polos entre diferentes cuerpos, y también a través del aire. Seguramente lo habréis experimentado al frotar un globo con el pelo: el globo, con carga negativa, recibe electrones que no tenía procedentes del pelo, que tiene una carga positiva y se produce la diferencia de carga.

Lo que ocurre cuando nos bajamos del coche es un proceso similar: al deslizarnos fuera del vehículo nos frotamos con el asiento, que cede electrones al cuerpo, y al tocar la carrocería metálica se produce una pérdida violenta de electrones que se traduce en un calambre.

Pero afortunadamente hay un remedio. Si eres capaz de recordarlo cada vez que salgas del coche, claro.

¿Puede ocurrir algo así al repostar combustible?

Circula por internet un vídeo en el que se ve cómo una mujer reposta y de repente el depósito comienza a arder, supuestamente debido a la electricidad estática. Sin embargo ha sido desmentido al ver cómo la protagonista coge la manguera de forma poco convencional para evitar quemarse la cara con la llamarada. ¿Pero cómo se produce algo así? De la misma forma que cuando tocamos el coche al salir: nos cargamos con electricidad estática y al tocar la parte metálica de la manguera se produce una chispa.

¿Es posible que ocurra? En primer lugar hay que aclarar que nuestra piel es un cuerpo bastante aislante y las cargas no la atraviesan con facilidad a no ser que estemos cargados, y la electricidad salga para pasar a través de un conductor. Además, para descargarnos necesitamos un conductor que esté conectado a tierra.

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En segundo lugar y volviendo a la gasolinera, debemos tener en cuenta que el coche está sobre cuatro ruedas que actúan de aislante, y la manguera suele ser de goma o tela, y tampoco está conectada al suelo, por lo que es bastante improbable que esto ocurra. Aunque pase, no se producirá una chispa ni aunque el tubo de escape esté tocando el pavimento.

Por lo tanto es muy difícil que se pueda producir un incendio por electricidad estática, aunque recordamos que la gasolina y el gasoil son substancias muy peligrosas, por ello está terminantemente prohibido fumar en las inmediaciones de las gasolineras. El depósito contiene mucho vapor de agua a presión debido a las altas temperaturas; al abrirlo sale una gran cantidad de vapor de gasolina que si entra en contacto con cualquier chispa puede incendiarse.

Otro consejo a la hora de repostar radica en mantener abierto el depósito el menor tiempo posible para reducir la cantidad de gasolina que se evapora y agitar la manguera para que no caigan gotas al suelo, aunque este último consejo sí lo llevamos a rajatabla, ¿verdad?

Fuentes: Citröen, Circula Seguro
Imagen tranvía: Flickr cc Bre Pettis

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