A finales de 1966 llegó a las oficinas de Alfa Romeo en Turín un encargo muy especial. La marca había sido seleccionada para participar el la Expo de Montreal de 1967, una feria universal bautizada Tierra de hombres, en honor al libro en honor al libro de Saint-Exupéry, autor también de El Principito. Los italianos debían mostrar la relación del automóvil con las aspiraciones humanas y encargaron la tarea de diseñar el envoltorio a Bertone.

El proyecto lo encabezó nada menos que Marcelo Gandini, el joven diseñador que capitaneaba la vanguardia de la imaginación del automóvil tras crear el Lamborghini Miura. Creó para la ocasión un par de prototipos idénticos, sin nombre, con motores de cuatro cilindros en línea… que causaron sensación. Eran anchos y bajos, con un frontal que imitaba al morro de tiburón, que se extendía por un guardabarros curvado y remataba con una cola truncada. Las “persianas” que cubrían los faros o las rejillas horizontales apiladas en el pilar C eran tan atractivas como futuristas.

Fue el público quien acabó bautizando al modelo: Alfa Romeo Montreal. Y fue tal el enamoramiento que la marca acabó presentando un modelo de producción en el Salón de Ginebra de 1970, manteniendo su nombre popular y bastantes de los aditivos estéticos del prototipo, como esos cuatro faros cubiertos por rejillas que se retraían cuando se encendían las luces.

Las tomas de aire del pilar C solamente tenían fines estéticos (había seis, por siete en el prototipo), mientras que la  toma de aire sobre el capó servía para camuflar el abultamiento que obligaba a hacer para equipar el motor. Y es que el Alfa Romeo Montreal, con número interno Tipo 10564, cambiaba mucho en el apartado mecánico. Se movía con un moroe V8 de 2.593 cc con inyección mecánica Spica que producía alrededor de 200 CV (150 kW), ligado a una caja de cambios ZF de cinco relaciones.

Se trataba de la misma mecánica empleada en el Tipo 33 Stradale y en el Tipo 33, de carreras desarrollado por Autodelta (aqui en posición central). Obviamente, el 1.600 cc de cuatro cilindros del prototipo, se quedaba escaso para la cientela que demandaba un Gran Turismo de los de Milán. Empleaba el chasis del GTV Coupé, con una suspensión independiente en el eje delantero y en el trasero con suspensión de muelles helicoidales.

Contaba con frenos de disco en las ruedas. Y eran necesarios, ya que este avanzado motor de competición proporcionó una potencia casi sin precedentes para un Alfa Romeo de serie. Ayudado por una buena aerodinámica, el Alfa Romeo Montreal alcanzaba sin despeinarse los 225 km/h. Cosa seria.

Se fabricaron 3.925 unidades (algunas fuentes hablan de 3.917) hasta el año 1977, casi sin variaciones. Y curiosamente, ninguna se vendió en Montreal ni en Canadá, pues Alfa Romeo no desarrolló una versión que cumpliese los requisitos de emisiones de Norteamérica.

Eso sí, algunas unidades acabaron dando el salto al charco, como la que ilustra este artículo. Fabricada en 1972 y vendida en Francia en 1974, permaneció en nuestro país vecino en manos de un coleccionista hasta el siglo XXI. Luego estuvo en California y el coche se ha mantenido en un estado excepcional, prácticamente original. Se piensa que la pintura es la misma con la que salió de los talleres de Bertone en 1972… y está en buen estado.

La casa que lo subastó el pasado 11 de marzo en Amelia Island, destacaba la facilidad de manejo y algunas mejoras mecánicas. Se pensaba alcanzar un valor en torno a los 100.000 dólares, a pesar de que el interior ya mostaba algunos signos de desgaste.

Fuente: RM Sothbey´s
Galería de fotos (por Darin Schnabel, cortesía de RM Sotheby´s)

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