En la serie de Anécdotas de otro tiempo este sería uno de los episodios más extravagantes. Se trata de un camión que transportó en los años 50 una ballena en formol en su interior. De ahí que nadie haya podido olvidar el olor. De hecho, el producto que utilizaban para mantenerla no debía de ser muy buena pues el olor era de descomposición.

Según declaraciones de un testigo del acontecimiento, que lo presenció de niño, el olor era tal que hasta hoy lo recuerda con nitidez. Para el resto de congregados en aquel entonces cerca del camión, lo recuerdan como un vago sueño, y es que por aquel entonces, no se le dio demasiada importancia a que una ballena de 70 toneladas se paseara por toda Inglaterra en un camión de algo más de 23 metros de largo. Debido a eso, quedan para la memoria tan solo unas cuantas fotos y un pequeño programa dedicado al evento en la radio y un libro.

La historia de la ballena viajera comienza en una ciudad costera de Noruega llamada Trondheim allá por el año 1952. Comienza con algo de secretismo ya que se desconoce la organización arponeó tres ballenas y las conservó en formol. Después de colocarlas en camiones refrigerados comenzaron una travesía que duraría 20 años circulando por toda Europa. Las tres ballenas llamadas Hércules, Goliat y Jonás, pasaron por las manos de varios propietarios que sacaron provecho de ellas como material educativo y/o espectáculo de circo.

Pero ¿dónde acabaron estas grandes criaturas? Hércules se piensa que llegó a España hasta que fue obligada a retirarse por el horrible hedor. Goliat pudo haber acabado en Italia y Jonás, según el autor del libro The Barnsley Whale, Steve Deput, terminó en un refrigerador en Bélgica. Como en toda historia, se crearon leyendas que dicen que la última ballena fue guardada por un animador de espectáculos que planea resucitarla. De todas formas, más que tiesas en un camión, las ballenas imponen más en su entorno natural.

Fuente: The Guardian

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