Toyota quiere volver al ruedo, dejar de ir por detrás de Google y los demás fabricantes automovilísticos en el campo de los vehículos sin conductor y en las pruebas automovilísticas. Para ello, ha decidido crear el llamado Ángel de la Guardia, un copiloto invisible que toma el mando para salvar al conductor. Este sistema funciona de forma similar a los sistemas de frenado de emergencia y antibloqueo de frenos asegurándose así de que no haya accidentes ya que toma el control de forma temporal.

Este Ángel de la Guarda monitoriza la conducción humana para saber así cuándo debe tomar el control o ajustar sutilmente las acciones del conductor evitando situaciones de peligro. El sistema será probado en un simulador de movimiento, situado en una nave cerca del Monte Fuji en Japón, que expondrá situaciones reales de tráfico y carreteras permitiendo a los conductores navegar por una superficie de dos campos de fútbol. Otro de sus objetivos trata de acortar los tiempos entre el final de la conducción automática y el inicio de la manual que se estima alrededor de unos ochos segundos.

coche autonomo

“Nuestro plan consiste en comprobar cómo responden los humanos cuando el coche asume temporalmente el control porque sabe mejor qué hacer”, explica Gill Pratt, CEO del Instituto de Investigación de Toyota (TRI). La empresa TRI fue creada el año pasado por Toyota para invertir en conducción autónoma, inteligencia artificial y robótica y ahora el plan es instalar una nueva planta cerca de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (Estados Unidos) para la que contratarán 50 personas.

El fabricante japonés quiere ir paso a paso, intenta cambiar de forma gradual de la conducción manual a la autónoma. Asimismo, quiere emplear otro tipo de ordenadores en los vehículos autónomos ya que los que existen actualmente consumen miles de vatios. Pratt aseguró que Toyota podría emplear chips neuromórficos, una arquitectura que procesa los datos en paralelo en lugar de la forma secuencial, la que se emplea a día de hoy.

chips neuromórficos

Para poder comercializar el Ángel de la Guarda, Toyota necesitará un billón de kilómetros de carretera real por lo que este simulador ayudará a llegar antes a la zona de meta. Para la compañía el escenario ideal sería que todos los fabricantes compartiesen los datos de las pruebas, sin embargo, la carrera por la exclusividad frena a los coches autónomos. “En el espíritu de la seguridad, cuando es un bien público, creemos firmemente que podmeos colaborar”, sentencia el CEO del TRI.

Fuente: MIT Technology Review

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