Hace 15 años, el conductor de IndyCar Sam Schmidt sufrió un accidente de coche que le condenó a una tetraplegia. Los médicos le aseguraron que no podría volver a mover sus piernas y sus brazos, pero no dijeron nada sobre conducir. Ahora ha vuelto a retomar el volante en el Circuito de las Américas, en Austin (Texas). La más increíble tecnología del mundo del motor nos sirve de nexo para contar esta historia de superación.

Mientras se preparaba para la temporada de 2000, el 6 de enero de ese mismo año Schmidt sufrió un grave accidente en el Walt Disney World Speedway, Florida. Las lesiones le provocaron una tetraplegia y durante cinco meses necesitó un respirador artificial. Tras salir del hospital, Schmidt se dio cuenta de que debía encontrar una motivación que supliera el hecho de que no podría volver a pilotar un coche de carreras. Pero se equivocaba.

En 2013 se asoció con un grupo de ingenieros e investigadores médicos de la empresa Arrow determinados a conseguir que Sam volviera a correr en un circuito a través de un coche de carreras semi autónomo bautizado como SAM. En concreto, un Corvette C7 Stingray.

¿Cómo convertir su cabeza en un joystick?

Sam en acción

Lo que hace posible que un coche se pueda conducir con movimientos de cabeza se aleja de la sencillez con la que Schmidt parece manejar el volante. Multitud de sensores y cámaras infrarrojas monitorean los movimientos de la cabeza en tiempo real -el coche tarda 0,1 segundos en responder las órdenes del conductor-. De esta forma se puede manejar la dirección, mientras que un dispositivo que Schmidt coloca en su boca aglutina el control de aceleración y frenos a través de la presión que ejerza sobre él. Un complejo sistema evita además que el coche pueda perder el control, además de estar localizado a través de un GPS.

funcionamiento sistema conduccion

En mayo de 2014, Sam condujo por primera vez desde el accidente. Como conductor experto en Indianápolis que era, alcanzó la velocidad de 156 km/h. Una semana después, completó más etapas en Indy, llegando a los 172 km/h.

Un avance que devuelve la libertad a aquellos que la han perdido, otorgándoles algo de control sobre una actividad que para el resto puede ser cotidiana, y para otros como Sam, un sueño hecho realidad.

Fuente: Arrow Electronics

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