Nació en Londres un 5 de enero de 1882 con el nombre de Elizabeth Levitt. La vida a finales del siglo XIX no era fácil, y menos para las mujeres. Debemos tener en cuenta que hasta 1920 no se aprobó el derecho femenino al voto en igualdad al masculino, y las condiciones de vida eran duras para aquellos que no disfrutaban de una clase social privilegiada. Los vehículos estaban reservados a la clase alta y a la aristocracia, y las carreras de motor eran algo exclusivo en la esfera masculina.

Por suerte Levitt se formó junto a un empresario y corredor llamado Selwyn Edge, que promueve entonces la versión británica de otra pionera de la época: la francesa Camille du Gast. Fomentó así sus competencias en el motor y la trasladó a París con un fabricante automotriz, además de proveerle de vehículos y botes para competir.

Esta pionera se convirtió en la primera mujer británica en competir en la Historia. Consiguió el primer récord de velocidad en el agua y el récord mundial de velocidad en tierra en la categoría de mujeres. No sólo fue una pionera en la lucha de la independencia y los derechos de la mujer, también fue una precursora del automovilismo femenino. Y ni siquiera tenía derecho a voto.

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Llegó a enseñar a conducir a la Reina Alexandra de Dinamarca y a otras princesas y en 1905 estableció el récord del recorrido más largo en coche conseguido por una mujer y recibió el apodo por parte de la prensa de “la mujer más rápida de la Tierra”.

Pero quizá su logro más perdurable fue inventar el espejo retrovisor. ¿Recordáis a la inventora de los intermitentes? El caso de Levitt fue parecido. En su libro The Woman and the Car: A Chatty Little Handbook for all Women who Motor or Who Want to Motor, Levitt aconseja a las mujeres llevar un pequeño espejo de mano colocado en un lugar que resultara útil a la hora de conducir, de manera que pudieran echar un vistazo de vez en cuando a lo que ocurría detrás de ellas. Ella lo inventó antes de que comenzara a fabricarse en 1914, así que gracias Elizabeth. En el libro también anima a las mujeres a conocer el funcionamiento de los motores que conducían, que según ella no eran tan complicados como parecían.

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En octubre de 1906, con 24 años, rompió su propio récord de velocidad y el récord mundial, alcanzando una velocidad de 146 km/h. Anotaba todos sus logros en un diario, y en este fragmento describe la sensación que le produjo este en particular:

“He roto mi propio récord y creado un nuevo récord mundial para las mujeres en Blackpool. Un Napier de 95 CV y seis cilindros. He conducido a una media de 146 kilómetros por hora. He tenido un escape en la parte frontal del capó, no frené a tiempo lo que pudo provocar que me quedara atrás. Fui presentada con una copa del Blackpool Automobile Club y también una copa del S. F. Edge”.

Por desgracia su vida está indocumentada después de 1910. Durante 1912 fue columnista del Yorkshire Evening Post y luego fue desapareciendo de la vida pública.

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Un 17 de mayo de 1922 la encontraron sin vida en su cama, en Londres. Murió joven, a los 40 años. Se especula que fue a causa de un envenenamiento con morfina debido a que padecía de una enfermedad del corazón. Para la fecha de su muerte había vivido sucesos históricos de la magnitud del hundimiento del Titanic o la lucha feminista que se fraguó a principios de siglo. Realmente su corta vida fue tan intensa que podríamos emplear semanas en recordar sus hazañas, fuera de la esfera privada a la que fueron -y aún siguen- relegadas las mujeres. Y con las manos siempre sobre algún volante.

Fuentes: MC Drifter, Wikipedia
Imágenes: Wikimedia

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