El Duesenberg Model A fue el primer automóvil que fabricaron Fred y August Duesenberg para la compañía que llevaba su apellido. Fred y August fueron dos fantásticos ingenieros autodidactas, de las grandes figuras de la revolución americana del automóvil de los años 20 del siglo XX. Comenzaron produciendo motos, antes ser los primeros americanos que ganaron el Gran Premio de Francia en Le Mans y llegar a lo más alto del podio tres veces en las 500 Millas de Indianapolis. También es cierto que su brillantez como creadores de joyas del automovilismo era equivalente a su nula capacidad administrativa y financiera, pero esa es otra historia.

Hoy nos centraremos en la historia del Duesenberg Model A, que equipaba el por entonces famoso motor Duesenberg de ocho cilindros de 4.260 cc que rendía 88 CV. Contaba con árbol de levas, transmisión manual de tres velocidades iba montado sobre el eje delantero, con frenos hidráulicos en las cuatro ruedas.

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El Duesenberg Model A es un modelo especial por varias razones. Para empezar, solamente se fabricaron 667 unidades, antes que la compañía se declarase en quiebra. No sólo eso, ya que se trata del único coche fabricado por los hermanos Duesenberg mientras toda la compañía estuvo bajo su control ejecutivo. Estos Duesenberg todavía fueron diseñados por Fred y August, pero es difícil calcular cuánta influencia tuvieron ambos en la concepción y ejecución de los vehículos que llegaron una vez que ya no controlaban la empresa.

Casi un siglo después de que el nombre de Duesenberg apareciese por última vez en un coche nuevo, la marca todavía se asocia a una ingeniería y calidad excepcional. Si nos hemos acordado hoy de este curioso Model A Speedster es porque el día 26 de julio saldrá a subasta. Su valor estimado es de 175.000 a 250.000 dólares, lo cual no parece demasiado si tenemos en cuenta que en 2010 se vendió por 258.000.

Duesenberg Model A Speedster 1924 01

Este Duesenberg Model A Speedster que ves en las imágenes fue preparado por Benjamin “Benny” Brandfon para las 500 Millas de Indianápolis de 1931. En aquel entonces las normas sobre los coches que podían competir eran más laxas, de ahí que este propietario de un taller en Nueva York preparase un Duesenberg Model A de 1924, con el número de chasis 783, para correr en Indianápolis. Recortó la parte delantera y montó un un único gran carburador Zenith, con una carrocería de carreras. Con Benny al volante, no se calificó, pero alcanzó más de 160 km/h, lo que indicaba su potencial.

Nunca más volvió a intentar participar en las 500 Millas y el coche fue casi olvidado hasta principios de 1950 cuando su propietario, ya retirado, decidió convertir su coche de carreras en un modelo de calle. Mantuvo la carrocería con cola de barca, pero añadió unos guardabarros de un Jaguar, el parabrisas de un MG… y mantuvo la capota original del Model A. Retocó ciertos aspectos del motor, como el encendido, pero en lo básico mantuvo sin cambios los componentes mecánicos del coche que corrió en Indianápolis.

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El Brandfon Duesenberg se mantuvo con su Benjamin, que no quería venderlo nunca, sino que lo heredase su hijo. “Este coche viejo me mantiene vivo“, comentaba en 1966… Un año después, su hija lo vendió y comenzó su vida como pieza de colección por distintos dueños en estados Unidos.

Tal y como lo vemos hoy en día, el coche ha sido modificado ligeramente desde su “configuración Brandfon”, pero con su color burdeos bitono, los guardabarros negros, ruedas de alambre cromado de 20 pulgadas y los neumáticos anchos de banda blanca, da gusto verlo. La casa de subastas, además, cuenta que sus actual dueño ha disfrutado de él regularmente, así que su excelente mecánica seguirá afinada.

Algún afortunado se llevará a su casa dentro de unos días esta joya que combina la legendaria ingeniería del Duesenberg Model A con las habilidades mecánicas de Benny Brandfon, que lo disfrutó durante la competición… y ya en su retiro, realizando esta increíble transformación que lo devolvió a las carreteras para que los mortales lo disfrutasen más de cerca. El coche no mantuvo a Benny vivo para siempre… pero seguro que lo disfrutó mientras duró.

Fuente: RM Auctions
Fotos: Darin Schnabel, cortesía de RM Auctions

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