En su origen, la compañía fundada por Enzo Ferrari se gestó pensando en la competición. Pero, desde mediados de la década de 1950, los coches de carretera han sido claves para financiar los esfuerzos y éxitos en las carreras. Utilizando las lecciones aprendidas en la competición, esos Ferrari de calle fueron (y son) algunos de los automóviles más rápidos y deseados del planeta, y un apoyo clave en la reputación de la compañía en la pista.

De aquellos primeros vehículos, el Ferrari 250 GT Cabriolet Serie I fue el primer descapotable fabricado en serie por el fabricante de automóviles italiano. Fue tan precoz que su carrocero, Pinin Farina, todavía no había cambiado su nombre a Pininfarina (eso ocurrió en 1961).

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Apenas se fabricaron 40 unidades del Ferrari 250 GT Cabriolet Serie I durante su ciclo de producción, de 1957 a 1959. Los 4 primeros coches fueron construidos individualmente a mano y las ópticas cambian de forma notable, por lo que algunos historiadores de Ferrari los clasifican como una serie aparte, pero otros cuentan las cuatro decenas como de la Serie I.

No cabe duda del sublime diseño de este Ferrari, alabado por periodistas especializados, coleccionistas e historiadores debido a sus suaves líneas y el sorprendente nivel de atención que se presta a los detalles: cómo la forma de las aletas traseras se funden en las luces traseras, los paneles de la carrocería o la delicadeza mostrada en los tiradores de las puertas, que no desentonarían en un museo de arte moderno. Este gusto por el detalle lo separaba de sus hermanos. Era un coche destinado a personas con unos gustos (y medios económicos) excepcionales.

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El Ferrari 250 GT Cabriolet Serie I fue la prueba empírica de que Ferrari podía combinar su faceta deportiva con automóviles elegantes. Atrajo a nuevos clientes a Maranello, que normalmente no se habían interesado en las carreras, enamorados al instante de la sutileza del diseño, además de su rendimiento dinámico.

Enzo especificó queque el Ferrari 250 GT Cabriolet debía ser impulsado por el motor V12 de 2.953 cc de la empresa, alimentado por tres carburadores triple Weber que rendía 240 CV. Esta potencia se enviaba al eje trasero en vivo mediante una transmisión manual de 4 velocidades. La suspensión era de muelles helicoidales y contaba con frenos de disco hidráulicos. Un coche muy capaz, sí, pero que fue uno de los primeros Ferraris considerado apto para mujeres, debido a su refinamiento.

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Esta preciosa unidad blanca que ves en las imágenes, combinado con un interior en cuero azul muy elegante y con número de chasis 0791 GT, fue la 14 de las 40 fabricadas. Entregada en Italia en marzo de 1958, pronto dio el salto a los Estados Unidos, donde fue vendido a un joven y exitoso piloto, John R. Fulp Jr., de Greenville. Tras su primer propietario privado tuvo otros cuatro dueños que fueron modificando algunas cosas. Fue el quinto quien decidió devolver el coche a su especificación original, tanto por dentro como por fuera.

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Puede que el Ferrari 250 GT Cabriolet Serie I Pinin Farina no sea tan reconocido como otros modelos de los albores de la marca, pero poco a poco su importancia histórica ha disparado al alza su cotización. Esta preciosa unidad fue vendida por 5.720.000 dólares el pasado 10 de diciembre, si bien la casa de subastas confiaba en superar con holgura los 6 millones de dólares. Pero no está mal para uno de los mejores ejemplos del primer Ferrari descapotable de la historia.

Fuente: RM Auctions
Galería de imágenes (por Tim Scott cortesía de RM Sotheby’s):

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