Una de las sagas más emotivas de la historia del automóvil es, sin lugar a dudas, la del Ferrari Dino. Este deportivo inspirados en una tragedia que soñaba con rivalizar con el Porsche 911 tuvo varias versiones: desde el Ferrari Dino 206 GT, el Dino 246 GT que aportaba más dinamismo con su motor 2.4 litros y el Dino 246 GTS, la versión más superior de todas.

De la mano de la última versión viene esta curiosa historia de un robo llevado a cabo el 7 de diciembre de 1974. Pongámonos en situación. Rosendo Cruz, fontanero de profesión, decide regalarle a su mujer un Ferrari Dino 246 GTS, verde metalizado, por su aniversario de boda.

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Rosendo preparó una de las veladas más románticas… ya que el regalo venía acompañado de una cena en uno de los restaurantes más populares de la época, el Brown Derby, en Wilshire Boulevard. Todo transcurría como la seda hasta que volvieron a por su deportivo para regresar a casa. Y es que unos ladrones se habían adueñado del Ferrari.

 

La pareja Cruz denunció el robo, sin embargo, nada se supo del paradero de su automóvil. Hecho que llevó a la policía a cerrar el caso meses después y a la compañía aseguradora a reembolsar los 22.500 dólares que valía el Ferrari Dino con el número de chasis 07862.

El caso se olvidó hasta que unos inocentes niños descubrieron un coche en el jardín de la casa a la que acababan de mudarse. Los hijos del matrimonio Underwood (que no es el mismo que el de la serie dramática House of Cards) tiraron de un plástico sacando así a la luz la carrocería metalizada. “Plantar un Ferrari no es lo mismo que plantar calabazas, alguien tiene que haber visto algo”, explicaba uno de los investigadores de la policía al llegar al lugar de los hechos.

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La teoría de la que partió Sebas, uno de los detectives, es que la persona que había enterrado el Ferrari esperaba recuperarlo algún día, ya que había sido completamente envuelto en plástico y los escapes estaban tapados con toallas para impedir la entrada de cualquier bicho. Tirando de este hilo inicial se descubrió este robo sin igual.

Resultó que fue el propio fontanero quien pidió a dos amigos que robaran el deportivo y lo lanzaran al mar para poder así recuperar el dinero al pasar en ese momento apuros económicos. Entonces, ¿por qué no obsequió a su mujer con un detalle mucho más barato? No hay que olvidar que la intención es lo que cuenta.

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Volviendo a nuestra historia rocambolesca vemos que los “ladrones” decidieron cambiar de plan, enterrando el Ferrari Dino 246 GTS en el jardín de la familia Underwood. Igual creyeron que al ser verde nadie lo iba a encontrar, pero les salió el tiro por la culata.

La técnica de desentierro no fue muy profesional, por lo que il cavalino sufrió daños adicionales. “La humedad y la tierra arenosa había ocasionado corrosión en la carrocería, creando hoyos en el diseño de Pininfarina; los interiores también estaban deteriorados ya que los ingeniosos ladrones se habían olvidado de levantar las ventanillas hasta arriba”, se podía leer en el informe policial.

El vehículo tras salir a la superficie pasó a manos de la aseguradora y poco tiempo después salió a subasta, quedándoselo finalmente un mecánico de Ferrari que tenía su propio taller en Burbank Boulevard. Este ingeniero se estima que pagó entre 5.000 y 9.000 dólares y lo restauró por completo llegándolo a bautizar con el nombre de Desenterrado. ¡Una trama propia de cualquier película de suspense!

Fuente: Jalopnik

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