Estamos a una semana de que empiece el Salón de Ginebra, un excelente momento para analizar el presente y futuro del automóvil. Es cierto que las ventas de coches en Europa han mejorado (comparadas con los años más duros de la crisis,) pero se trata de un pequeño alivio que no oculta que las ventas de coches europeas están en niveles similares a los de 1993. Y ya ha llovido. Las ventas globales suben, pero no es Europa la que tira del carro. Ni mucho menos.

Los fabricantes nos mostrarán prototipos fabulosos y nuevas tecnologías de propulsión (coches eléctricos e híbridos, principalmente) y de conectividad, tratando de enmascarar el gran problema de la automoción: los coches ya no molan. O al menos ya no como hace unas décadas. Primero los denostaron los más jóvenes, peor ahora ya llegan datos de Estados Unidos que indican que también los senior empiezan a darle la espalda.

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¿A qué se debe esta apatía que puede que ya nunca se vendan (y fabriquen) tantos coches en Europa como antaño? Los jóvenes priorizan otros productos tecnológicos para conectarse con el exterior (móviles principalmente). Un coche es visto en muchas ocasiones como un estorbo, caro de adquirir y de mantener y además, contaminante.

El interés por los coches eléctricos se ha ido desvaneciendo. La tabla de salvación se ha demostrado insuficiente con unas ventas, exceptuando ciertos mercados muy subvencionados, que no pasan de lo anecdótico.

La solución para las marcas parece un cambio de modelo de negocio. Resolver problemas de movilidad de la gente, más que venderles coches. De ahí muchas de las alianzas con start-ups tecnológicas que les ayude a integrar la revolución que se avecina, en forma de coche autónomo. Si la gente ahora aborrece conducir (lógico, en una sociedad cada vez más concentrada en grandes ciudades), pero sigue necesitando moverse de un lugar a otro, facilitémosles vehículos en los que puedan hacerlo. Aunque no los compren como hasta ahora, alguien tendrá que fabricarlos”. Ese parece ser la vía de escape de la automoción futura.

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Es ya muy difícil convencer a un joven de la necesidad de un vehículo recurriendo a viejos mantras como el de la potencia del motor. Pero marcas (y medios de comunicación), seguimos cayendo en ese error. La tendencia ahora es vender que se pueden evitar esos tediosos ratos en el automóvil y seguir conectado, con total seguridad. De hecho, ya hay en el mercado muchos vehículos capaces de mantenerse en el carril o seguir al coche precedente en un atasco a una distancia prudente. Ellos solos. Hay todavía flecos por resolver (por ahora no es legal soltar el volante y está por ver quién asumuría la culpa en un accidente) pero todo se andará y se han dado pasos en este sentido.

Mientras se busca el modo de volver a ser una Iidustria “molona”, a los fabricantes europeos de automóviles no les ha quedado otra que reducir costes (no es una disculpa, pero el #diéselgate de Volkswagen viene de ahí), al tiempo que mantienen operando a fábricas muy por debajo de su capacidad… No hace falta ser catedrático en economía para saber que esa situación es ruinosa. Las marcas cuyas ventas se concentraban casi de forma exclusiva en Europa son las que más han sufrido.

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Puede que Google y Facebook “roben” a los clientes más jóvenes, pero por ahora ninguno de los fabricantes de automóviles tiene una idea genial que les saque del atolladero (nosotros tampoco). Mientras eso sucede, las firmas, para sobrevivir, enfocan sus productos a un cliente mayor (un estudio de la Universidad de Duisburg-Essen indican que la edad media de un comprador ha subido hasta los 52 años), con un mayor poder adquisitivo. El resultado, vehículos más equipados y lujosos, todavía más inaccesibles para unos jóvenes con salarios más bajos que nunca (este artículo de Javier Costas en Pistonudos lo cuenta muy bien).

Sin duda, las empresas automovilísticas tienen que ponerse las pilas. Primero de manera literal, pues un producto contaminante no debería tener cabida en una ciudad atestada de gente. Hay que avanzar más rápido hacia las emisiones cero, y espectáculos como el del Parlamento Europeo a principios de mes no ayudan a mejorar la imagen de una industria ya herida. Y después retomar la iniciativa en el mundo del transporte, ante lo que se avecina.

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La mayoría de los expertos apuna a que los coches autónomos serán comunes en 2025… y casi un monopolio en 2030. Supondrá un cambio tan radical en nuestras sociedades solamente comparable al de la adopción de la informática. Junto a ello, la gran mayoría de la propiedad de automóviles será a través de programas de intercambio de automóviles y empresas como Uber. PricewaterhouseCoopers predice que el número de vehículos podría reducirse en un 99%. Nos parece una cifra exagerada, pero una reducción del 60-70% ya no tanto. Eso redundaría en una mayor seguridad y una reducción de emisiones globales en torno al 16%… sin contar que se evitaría también que la minería dañase zonas de alto valor ecológico para obtener materias primas.

En un escenario así, ¿cómo podrán sobrevivir fabricantes gigantes como General Motors, Volkswagen o Toyota? Su estrategia, basada en producir millones de coches, no podrá soportar una disminución de las ventas tan dramática. Sólo las empresas más ágiles, sin miedo a reinventarse, sobrevivirán. Pero no solamente ellos. Los negocios de aparcamiento, concesionarios, estaciones de autobuses… muchas cosas deberán cambiar… y esperamos estar aquí para contártelo.

Fuentes: CBS, New York Times, The Guardian
Imágenes: Carstyling

2 COMENTARIOS

  1. El problema de Europa es que el Bienestar nos ha convertido en parásitos y poco a poco nos va arruinando porque una sociedad que no produce está condenada a la miseria, el Estado actualmente le paga a la gente por no trabajar con el dinero de otros que si lo están haciendo, eso va mermando la productividad y empobreciendo a toda la sociedad, es un círculo vicioso que no parece tener fin.

    Los jóvenes no quieren coche porque no se lo pueden comprar ni mucho menos mantener, además de que vivir en ciudades es cada vez más costoso y problemático, todo está gravado con impuestos cada vez más confiscatorios.

    Si las empresas europeas no quieren morir con Europa deben buscar otros mercados donde vender y sobre todo fabricar, dentro de unas décadas la mayoría de la sociedad europea será muy mayor y pobre, porque cada vez dependen más de unos Estados completamente quebrados.

    No me extraña que tengamos las cifras de 1993, estos Estados benefactores no han parado de crecer y de quitarle grandes cantidades de recursos a la sociedad productiva que se debieron invertir en crear puestos de trabajo en vez de redistribuirlos entre las redes clientelares que rodean al Estado, Europa decidió arruinarse cuando implementór estos Estados Benefactores que acabaran redistribuyendo miseria porque las leyes económicas son las que son y no perdonan a sociedad parasitarias.

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