Detrás de cada coche hay una historia. Y de cada caravana. Esta trata de una Pontiac encargada en 1935 por un capitán británico llamado Dunn a un fabricante local de vehículos apodado Russell. La caravana llegó desde Estados Unidos como un chasis con alerón frontal y un capó.

Russell convirtió la Pontiac en un vehículo inigualable, transformando su interior y su exterior de manera magistral. 81 años después, el hijo del propietario lo pone a la venta en una casa de subastas, con un precio que ronda los 40.000 euros. Y una historia fascinante detrás.

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Cuando Dunn adquirió la caravana, había sido pintada de color caqui anticipándose a un posible uso como ambulancia durante la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente nunca pasó, por eso se conserva en tan perfecto estado a día de hoy. Contactó entonces con los Russells de Inglaterra, la familia fundadora de la empresa, informándoles de su existencia.

Casualmente, sus familias habían conservado lazos de amistad durante varias generaciones, así que el propietario fue invitado al Festival del Motor de Bexhill, al sureste de Inglaterra, al que acudiría la siguiente primavera con su Pontiac renovada. Pero aún no hemos llegado a ese punto.

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Cuando el artesano recibió inicialmente la caravana, construyó el cuerpo de forma meticulosa y casi perfecta. Reemplazó la vieja batería y comprobó que el motor de 4 litros y 6 cilindros seguía ronroneando como si fuera la primera vez que lo arrancaban.

Se la devolvió entonces a su maravillado propietario en 1936. Después recorrió el sur de Inglaterra con ella, volviendo con cuatro grandes álbumes de fotografías que documentaban sus vacaciones a bordo del vehículo. Tras acudir al Festival del Motor de Bexhill, los propietarios conocieron a un anciano que había sido aprendiz en la empresa Russell a mediados de los 30 y cuyo primer trabajo había sido remodelar la Pontiac. El mundo es un pañuelo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Capitán Dunn fue trasladado a Gales debido a la polio, falleciendo en 1946. Por lo que se sabe, la caravana fue guardada en 1940, y cada pocos meses, la mujer de Dunn la arrancaba, práctica que no dejó hacer hasta su muerte en 1991.

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Desde entonces hasta 2015, fue parte de la exposición de la empresa de los dueños, hasta que decidieron que el vehículo se merecía volver a la carretera. El interior continúa exactamente como se encontró: las cortinas, el linóleo, el lavabo, los acabados y el equipamiento.

Por dentro recuerda a una pequeña casa de montaña, con la silla de ruedas de Dann impasible en su interior. Afortunado sea el que el próximo 10 de septiembre pueda pujar por esta máquina del tiempo sobre ruedas y dar una vuelta al pasado. Calculan que puede alcanzar un valor de entre 35.000 y 42.000 euros. Desde luego, pedigree no le falta.

Fuente: Bonhams
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