Pongámonos en situación. Mediados de los años 50 de siglo XX. En Estados Unidos comenzaba una carrera para producir un roadster capaz de rivalizar con las importaciones británicas. Ford estaba trabajando en el Thunderbird, General Motors lanzaba el Corvette en 1953… pero fue el poco conocido Kaiser-Darrin Roadster el que ganó esta singular carrera.

Howard Darrin, de origen holandés, sorprendió a Henry J. Kaiser con un prototipo en 1952. A pesar de que Kaiser no estaba en el negocio de la construcción de automóviles deportivos, ya que era un tipo muy funcional, las líneas de aquel coche conquistaron a su mujer Alyce, era otra historia, y al final, Henry J. dio a su esposa lo que quería.

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Kaiser-Darrin Roadster 1954 interior 2

El prototipo del Kaiser-Darrin Roadster contaba con muchas características inusuales, pero sin duda el más distintivo eran las puertas correderas, que se ocultaban en los guardabarros delanteros. Darrin había adoptado esta idea de su patente original de 1946 y a partir de ahí diseñó esas enormes aletas, equilibradas gracias a un largo voladizo trasero. Su parabrisas dividido en tres partes y esa curiosa parrilla delantera que el diseñador creó porque quería “que parecese que estaba dando un beso”.

Pero no fue esa la única peculiariedad prototipo. Darrin comenzó a trabajar con un chasis de Kaiser y construyó un prototiipo de carrocería con fibra de vidrio. Sí, fue el primer deportivo de fibra de vidrio de producción de Estados Unidos, que mantenía el peso del Kaiser-Darrin Roadster a raya: apenas pesaba 987,9 kg. Las carrocerías se fabricaron en Glaspar, un especialista náutico de Santa Ana, California.

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Cuando el DKF 161 (fue el nombre que quisieron darle los ejecuticvos de Kaiser, pero nunca cuajó) se lanzó al mercado en 1954, se dirigió a lo más granado de la sociedad. Costaba inicialmente 3.668 dólares, una pequeña fortuna. De ahí que contase con opciones costosas, como el techo de lona de tres posiciones con hierros landau franceses y un interior totalmente tapizado, que podrían estar opcionalmente rematado en cuero.

El primer modelo de producción utilizaba el mismo chasis, con un motor de seis cilindros Willys de 90 CV y alcanzaba los 155 km/h (podía montar un La unidad que ilustra el artículo cuenta también con sobrealimentación centrífuga McCulloch de dos velocidades). Iba ligado a una transmisión manual de tres velocidades con sobremarcha y contaba con suspensión delantera independiente con brazos transversales y muelles helicoidales y en el eje trasero montaba ballestas semi-elípticas. Unos frenos de tambor hidráulicos en las cuatro ruedas eran los encargados de detenerlo.

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Ahora, esta unidad con número de chasis 161-001031, fabricado en 1954 sale a subasta el próximo 3 de febrero en París, es una de las pocas unidades que hay en Europa y se espera vender por una cifra entre los 100.000 y 120.00 euros. Totalmente restaurado, no incluye un techo duro extraible (una opción de la época), que encaja a las mil maravillas con la curiosa estética del coche.

Por cierto, cuando el acuerdo con Willys finalizó en 1955, el Kaiser-Darrin Roadster también montó motores V8 Cadillac con más de 300 CV, que lo situaron entra los deportivos más rápidos fabricados en América en los 50. Apenas se fabricaron 435 unidades y sólo las últimas 100 llevaban este potente motor… que son las más codiciadas por los coleccionistas.

Fuente: RM Sotheby’s
Galería de fotos (por Tom Gidden, cortesía de RM Sotheby’s:

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