En el último año, ha sido habitual ver medidas de Ahora Madrid contra la contaminación que han afectado de manera directa al uso del coche. La capital española no es la única, dado que Barcelona va a imitar uno de sus trucos. En ambas ciudades se marcan el año 2020 como clave para restringir el uso de vehículos contaminantes. Vayamos por partes.

En primer lugar, se establecen medidas reactivas y proactivas. Las reactivas son aquellas con las que estamos más familiarizados. Consiste en reducir las velocidades máximas y las zonas de circulación en días de especial contaminación. Valga como ejemplo los escenarios de Madrid ante los distintos grados de contaminación que se implantaron en 2015.

Estas medidas se han ampliado con un plan de actuación que tiene como objetivo el año 2020, pero que se empezarán a aplicar a partir de 2017. La idea es que los vehículos más contaminantes, sobre todo los diésel, sean dados de baja si es posible. Se limitará su circulación por el interior de las ciudades, además de apoyar el uso del transporte público.

La ciudad Condal establecerá también una Zona de Bajas Emisiones que comprenderá la casi totalidad de Barcelona. Quedan por conocer cómo determinará la alcaldía si un vehículo es contaminante y deberá ver restringida su área de circulación. De manera complementaria, aumentarán los kilómetros de carril bici. Pero la joya de la corona está incluida en el Plan de Movilidad 2013-2018 de Barcelona.

Superislas: la reforma urbanística de Barcelona

Las superislas o superblocks de Barcelona es un proyecto urbanístico que ha tenido una buena recepción internacional. El desarrollador de la idea se llama Salvador Rueda y propone lo siguiente: bloques de nueve manzanas en tres por tres cuyo interior sea para el uso de peatones (terrazas, parques, ocio…) y cuyo anillo exterior sea para la circulación de vehículos.

Superislas de Barcelona

El proyecto se implantaría en dos fases. La primera vería reducida la velocidad en el interior de una superisla a 20 km/h. Consistiría principalmente en cambiar las señales tráfico, bajo un coste estimado de 20 millones de euros. En la segunda fase, se instalarán parkings fuera o debajo de las superislas, mientras que la velocidad máxima será de 10 km/h. Con esto se completaría la visión del proyecto.

La gran ventaja de Barcelona para un proyecto de estas característica consiste en plan urbanístico en forma de cuadrícula, que data de finales del siglo XIX. Esto permite que instalar las superislas en bloques de nueve manzanas no sea ninguna locura. El plan, de hecho, está levantando bastante interés internacional. Desde Vox, por ejemplo, le dedican un videorreportaje en el que se plantean su posible implantación en los Estados Unidos:

Desde septiembre de 2016, una superisla funciona en Poblenou, en la segunda fase de implantación. No ha sido una implantación perfecta. Los vecinos no fueron informados debidamente del funcionamiento del proyecto, que dejó confusos a la mayoría de conductores. El espacio interior está vacío aún, mientras que negocios que precisan de carga y descarga han encontrado algunas dificultades. También el transporte público se ha visto modificado.

Barcelona seguirá probando este modelo en base a lo que aprenda de la superisla de Poblenou. En concepto se muestra sin duda interesante, pero todo hace indicar que deben pensar mejor sus acciones a la hora de crear superislas. Pero si llega a buen puerto, cambiará el modo en que definimos el urbanismo y la relación de los coches con las ciudades.

Fuente: El Confidencial, El País, Eldiario.es
Imagen principal: Rodrigo Paredes en Flickr

1 COMENTARIO

  1. Se supone que si (y me refiero a Barcelona) no dejan circular coches, el Ayuntamiento dejará de apretar con el cobro de impuestos como el de “tenencia y disfrute de automóviles” ¿se llama así ahora?
    El transporte público en Barcelona es una auténtica porquería, caro y lamentablemente incapaz de absorber el flujo humano. Huelguecitas salvajes, aparte.

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