“Uber, la empresa de tecnología de transporte compartido, ha decidido extender su proyecto piloto de conducción autónoma a San Francisco, California. Para ello utilizará vehículos Volvo XC90 especialmente adaptados para la conducción autónoma”. Así anunciaba Volvo el siguiente paso en su colaboración con Uber tras el acuerdo de agosto de 2016. Ellos pondrían los coches mientras que desde Uber añadirían su propio software y sistemas de conducción autónoma.

A pesar de que el anuncio confirmaba que siempre habría un conductor a bordo para evitar posibles accidentes, el proyecto de Uber autónomos pilló al mundo por sorpresa. Aunque en septiembre de 2016 se habían avistado algunos vehículos en pruebas, ahora ambas compañías ponían los automóviles a servicio del público general. Desde el 14 de diciembre de 2016 puedes pedir un Uber autónomo en San Francisco. Aquí es dónde empiezan los problemas.

El lío del Departamento de Vehículos Motorizados de California

El primer gran obstáculo para Uber es que no tiene los permisos en regla para operar como lo está haciendo en San Francisco. El DVMC (Departamento de Vehículos Motorizados de California) no contempla a la compañía en su listado de empresas autorizadas a realizar pruebas de vehículos autónomos en sus carreteras.

En declaraciones para The Verge, el DVMC asegura que “motiva la exploración responsable del uso de vehículos autónomos. Tenemos un proceso para adquirir permisos y asegurar la seguridad del público durante las pruebas de esta tecnología. Veinte fabricantes ya los han obtenido para probar cientos de vehículos en las carreteras de California. Uber debe hacer lo mismo”.

La definición del DVMC para esta vehículos autónomos considera que no debe haber ni control físico ni monitorización humana. Sin embargo, en Uber creen cumplir la normativa federal y estatal. Opinan también que no necesitaban permisos del departamento al posicionar a sus conductores en el asiento delantero por motivos de seguridad.

Aquí llegó el siguiente problema.

El lío del semáforo en rojo

Horas después de que la compañía lanzara su servicio en la ciudad, el San Francisco Examiner informaba de que uno de esos Uber autónomos se había saltado un semáforo en rojo. Lo que es más: fue grabado en vídeo desde la cámara de un taxi de la ciudad.

Se dispararon todas las alarmas. ¿Estaba el sistema preparado? ¿Qué había fallado? ¿Fue culpa del sistema o del conductor a bordo? No fue el único caso. Annie Gaus, periodista tecnológica del San Francisco Business Times iba de pasajera en un Lyft y asegura que un Uber autónomo casi les golpeó y que, además, se quedó parado en medio de la intersección. Este es su testimonio en dos tuits, uno de los cuáles incluye una foto momentos después.

De primeras Uber no realizó declaraciones. Por su parte, el DMVC instaba a la empresa a cesar sus actividades y a conseguir el permiso pertinente. El proyecto de Uber parecía condenado cuando todavía no habían pasado ni 24 horas desde que se había lanzado al público.

El lío legal de los Uber autónomos

Finalmente, Uber aseguró que inspeccionaría los hechos para determinar lo que había sucedido. Tal y como recoge The Verge, concluyeron que la culpa no había sido del software. “Estos incidentes se debieron a errores humanos. Es por esto que creemos en hacer las carreteras más seguras con Uber autónomos. Estos automóviles no eran parte del proyecto piloto y no llevaban a clientes. Los conductores involucrados han sido suspendidos mientras continuamos la investigación”.

Si Uber concluye que la culpa es de los conductores, lo lógico sería que los eliminara de la ecuación. Si los elimina de la ecuación, tendría que obtener los permisos de San Francisco. Y llegados a ese punto, el DVMC tendría la razón desde el principio.

Si, por contra, mantiene a los conductores que acaba de denominar como no seguros, no tendría razón en adoptar un acercamiento distinto al que establece la ley. No solo se la salta: no demuestra ser una mejor solución de cara al público y en temas de seguridad.

Uber autónomo en San Francisco

Uber se está comportando de manera impulsiva. El DVMC insiste en que obtengan un permiso adecuado o deberán recurrir al fiscal general. Bajo la creencia de que las normas no se aplican a sus automóviles, Uber insiste en no obtener la autorización requerida por la ley.

¿Es este el comportamiento adecuado para una empresa? Es cierto que a veces las leyes retrasan el progreso debido a que necesitan una actualización de cara a nuevos tiempos. Pero la compañía de vehículos compartidos no ha demostrado estar ofreciendo una mejor solución ni que su servicio sea lo suficientemente fiable como para saltarse la ley.

Es una flagrante falta de responsabilidad social empresarial. El futuro puede estar dominado por coches autónomos y coches eléctricos. Pero pretender dar una salto antes de saber siquiera dar un paso es un peligro para todos. La compañía quizá crea que sus Uber autonómos son más seguros. De momento, esa no es la realidad.

Actualización 22 de diciembre de 2016: Finalmente, Uber se ha visto obligada a cancelar su proyecto. Actualmente buscan una nueva ciudad en la que probar sus vehículos autónomos.

Actualización 23 de diciembre de 2016: Uber ha anunciado que pasarán el proyecto a Arizona, donde les han recibido con los brazos abiertos. Así lo expresaba el Gobernador del Estado en Twitter:

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