Fueron muchos los campos de batalla que tuvieron que pisar aquellos y aquellas que vivieron la devastadora Guerra Mundial. Durante cuatro años (1914-1918), la contienda se coló no sólo en las trincheras, también en las calles, en los hospitales, en el campo y en los hogares.

La necesidad absoluta de movilizar a toda la población provocó el salto de las mujeres de la esfera privada a la pública, asumiendo roles asignados exclusivamente a hombres. Fue una necesidad la que agilizó alcanzar derechos fundamentales, como el sufragio femenino. En Londres, tras un año de guerra, las mujeres pudieron sacarse el permiso de conducción para autobuses y tranvías. Y su papel tras el volante de las ambulancias salvó innumerables vidas.

Reino Unido (bando aliado), que por aquel entonces consistía en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, peleó hasta la extenuación contra los poderes centrales. El desplazamiento masivo de los hombres al campo de batalla obligó a plantearse a una conservadora y clasista sociedad que las mujeres salieran de la cocina. Y vaya si lo hicieron. Tomaron las riendas de la sociedad.

Industria (fabricación de armas), agricultura, talleres, laboratorios e incluso en las primeras líneas del campo de batalla; muchas se presentaron voluntarias en hospitales de campaña atendiendo a soldados heridos, otras se organizaron en las ofensivas contra los austriacos, como el caso del sonado Batallón Femenino de la Muerte. Y también querían conducir.

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Para demostrar que el tiempo es cíclico, tenemos el ejemplo de las mujeres en Arabia Saudí, a las que no se las permite conducir (entre muchas otras cosas). 101 años después, un supuesto defensor de los derechos de las mujeres y miembro de la familia real saudí, reclama el derecho de las mujeres a conducir, pero sólo para que no hagan gastar a sus familias dinero innecesario en taxis o chóferes. Una vez más los derechos de las mujeres salen a relucir, pero cuando hay intereses entre bastidores.

El número de mujeres empleadas durante la guerra aumentó de 33.000 en 1911 a más de 102.000 en 1921, sólo en Reino Unido. A nivel global se estima el aumento en 1,4 millones. En 1917 se creó el ejército de tierra de la mujer, aunque, como hoy en día, se les pagaba menos que a sus homólogos masculinos (es como vivir en un dejà-vu).

El año de la guerra y el año de las mujeres

A principios del siglo XX, conducir un coche era un acto privilegiado, y el hecho de que una mujer pudiera sentarse tras el volante le confería de una independencia y libertad inusitadas para el rol al que eran asignadas: el de amas de casa y esposas. Pero el comienzo de la Primera Guerra Mundial las empujó a las carreteras, sustituyendo a los hombres que conducían ambulancias.

En 1914 comenzaron a transportar a los heridos y enfermos, primero a caballo, luego en vehículos específicos para la atención médica. La mayoría de las unidades de ambulancias de mujeres sirvieron a la armada de Bélgica y Francia durante los tres primeros años de la guerra. En Londres, las mujeres se organizaron como parte de la Motor Transport Volunteers, la Y.M.C.A. Baltic Night Transport, y la Women’s Reserve Ambulance entre otras organizaciones.

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Transportaron a las tropas, condujeron furgonetas de reparto de correo y formaron parte de la Sección Militar de Transporte de Mujeres de la Legión. Tan crucial fue su trabajo que, en septiembre de 1915, tras el primer ataque por zepelin que sufrió la ciudad, The Women’s Reserve Ambulance fue la primera unidad de asistencia médica en llegar al lugar de los hechos.

El 20 de octubre de 1915 se anunció en Londres que las mujeres podían presentarse al permiso de conducción para llevar autobuses y tranvías.

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Por desgracia, los nuevos roles de las mujeres de la I Guerra Mundial (mal pagados, por cierto) tenían fecha de caducidad, pero sirvió como cambio sustancial en el rumbo de los acontecimientos.

Finalmente, al final de la guerra en 1918, el derecho al voto femenino fue reconocido, tras una constante lucha por sus derechos políticos, laborales y económicos. La Guerra Mundial, irónicamente, sirvió para que los derechos de las mujeres fueran reconocidos y comenzaran a romperse algunos tabús. La Historia nos sirve para no caer en el mismo error, pero parecemos enamorados de la piedra que nos hace tropezar una y otra vez.

Fuentes: 365 Days of Motoring, El Mundo, Banrepcultural
Imagen principal: CNN
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