Más subastas increíbles que rescatan del olvido a los antepasados de nuestros coches. En este caso se trata del que se considera el primer deportivo del mundo: un Vauxhall Prince Henry Sports Torpedo de 1914. A principios del siglo XX (para situaros históricamente, el Titanic se había hundido dos años antes) era sin duda el mejor coche que alguien podía soñar.

Y ha sido subastado por la casa Bonhams por la friolera de 615.000 euros a un entusiasta del motor clásico del norte de Inglaterra. Y si os preguntáis si tras 102 años de uso todavía se puede conducir, la respuesta es sí.
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El Prince Henry no sólo fue un deportivo, también un prolífico coche de carrerras. Su motor alcanzaba más de 128 kilómetros por hora a 3.300 rpm. Fue diseñado por el aclamado ingeniero de la automoción Laurence Pomeroy, que se unió a Vauxhall en 1905 al mismo tiempo que se convertía en piloto de carreras.

El vehículo fue propulsado por 24 CV y un motor de 4 litros, y a medida que pasaba el tiempo iba atrayendo el interés de los fabricantes y de los medios de comunicación del motor. Llegó a batir en la RAC 2.000 mile al Rolls-Royce, quedando primero. Una versión mejorada fue la primera en alcanzar los 160 km/h en Brooklands en 1910.

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Durante los años siguientes continuó cosechando éxitos. Según informa Bonhams, muchos de los historiadores del motor más importantes han denominado el Prince Harry como el primer coche de carreras de la Historia, teniendo en cuenta la delgada línea que separa un coche deportivo de un coche de carreras.

T.W. Badgery, un hombre de negocios que trabajaba en la industria de la piel y el cuero fue el primero de los cuatro dueños que tendría este Vauxhall. Lo adquirió en 1914, y lo condujo junto a su mujer en numerosos viajes. Cuando su chófer lo puso en venta en 1931, el odómetro mostraba más de 225.000 kilómetros.

Entre estas dos fechas, concretamente en 1926, otra joya de la automoción fue construida: el Rolls-Royce Phantom I Brougham de Ville, conocido como “El Fantasma del Amor”. Para que os hagáis una idea de lo que era poseer un coche así en la época, el Phantom tuvo un coste de 11.000 libras; en la primera mitad del siglo XX con 500 libras podías comprar una casa.

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En 1945, Laurence Pomeroy, hijo del diseñador y el que sería su segundo dueño, conoció a Prince Henry. Este ingeniero automovilístico e historiador siempre había querido tener un coche diseñado por su padre. Cuando era pequeño había compartido junto a su hermana una réplica a pedales del coche que su progenitor les había construido, por lo que su sueño de niño se hizo realidad. Lo condujo durante 21 años.

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En 1966, año de su fallecimiento, pasó a manos de Nick Ridley, un entusiasta conductor de coches eduardianos y cercano al círculo familiar de los Pomeroy. Estaría en sus manos hasta 1970, año en el que el cuarto y último dueño del Prince Harry, Reg Long, tendría el privilegio de conducir.

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Durante los 46 años en los que Long tuvo a Henry, dio la vuelta al mundo por numerosos tours: Dinamarca, Holanda, Alemania, Irlanda, Turquía… Ganó múltiples premios, fue recogido en publicaciones del motor e incluso apareció en la película de 1973 An Aspidistra in Babylon, en la que fue conducido por Jeremy Brett.

En los últimos años, dada la avanzada edad de su propietario, el cuentakilómetros no ha sumado muchos números. Sin embargo ha sido probado durante 50 kilómetros, y la prueba ha sido un éxito. Un pedazo de historia viva que se merece sin duda volver al asfalto y ser visto. Quién sabe si rodará por otro siglo más.

Vía: Bonhams
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