Muchos pueden pensar que el período entre la Primera y Segunda guerras mundiales, no fue muy fructífero. El colapso económico, todo un continente en ruinas, la prohibición y el ascenso de los totalitarismos parece que los años 20 y 30 fueron oscuros… pero la industria del automóvil vivió entonces su particular renacimiento.

En esa época fabricantes grandes y pequeños experimentaron con diseños y tecnologías que aún permanecen en la actualidad. Como el Schlörwagen alemán, un coche ultra aerodinámico de siete plazas basado en un Mercedes-Benz 170H. Imagina un vehículo de 2,13 metros de ancho, con un coeficiente aerodinámico de sólo 0,15 Cx, algo inaudito incluso hoy en día. La clave de esta eficacia está en el estudio obsesivo de la carrocería. Además de su forma de lágrima, las ventanas están al ras con la carrocería. Al ver un modelo a escala en un túnel de viento, el aire pasa por encima casi sin interrupción.

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Resulta fascinante cómo, sin pruebas de túnel de viento y modelos informáticos, los años 1920 y 1930 pudiesen ser una época de auge para la aerodinámica. El Tatra Checa 77, Chrysler Airflow, el Dymaxion  el Mercedes-Benz 540K Streamliner fueron intentos soprendentes para limitar la resistencia al viento. Eran algo extraños, cierto, pero llegaron a fabricarse, con diferentes niveles de éxito.

En su época, el Schlörwagen fue algo completamente distinto. El ingeniero alemán Karl Schlör, en el Aerodynamischen Versuchsanstalt (Instituto Aerodinámico) en Göttingeng, comenzó sus pruebas con un Mercedes 170H de 38 CV. Inspirado por la forma de las alas del avión, rediseñó el exterior, puso las ventanas a ras de la carrocería para lograr un flujo de aire más limpio y la extendió sobre las ruedas delanteras. Su idea era crear un ala sobre ruedas.

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El Schlörwagen, presentado en el Salón del Automóvil de Berlín de 1939, fue apodado el “huevo Göttingen”. Era casi tan ancho como un Hummer y contaba con tres filas de asientos, con capacidad para siete personas. Pero, sobre todo, se mostró eficaz. Mientras el Mercedes alcanzaba 195 km/h, el Schlörwagen, utilizando el mismo motor, lograba más de 135 km/h. Y con un consumo de apenas 8 l/100 km, entre un 20 y 35% menos. Su coeficiente aerodinámico, de o,15 CX, como hemos dicho, solamente lo baten modernos diseños mucho menos prácticos, como el General Motors EV1 o el Volkswagen XL1.

La único unidad del Schlörwagen estuvo en un edificio destartalado cerca de Göttingen, donde se eliminaron los asientos y las ruedas durante la guerra. Parece ser que los militares británicos se lo llevaron… pero y no ha sido visto desde entonces, aunque es muy probable que estuviese tan dañado que fuese desechado.

Ahora, con motivo del 75 aniversario de la creación del automóvil, se ha construído un modelo 1: 5 escala basado en los dibujos originales, y se ha colocado en un túnel de viento. Como verás en el vídeo, el aire apenas crea turbulencias que reduzan la velocidad.

Vía: Wired

 

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