Este artículo debe comenzar con una advertencia, está totalmente sesgado. 

Tengo una devoción y una admiración por Mazda que va mucho más allá de la racionalidad. Y pese al mito de que los japoneses son personas con gran aversión a los sentimientos, la marca sigue apostando por las manos para crear coches cuya función no es otra que enamorar. ¿Poético verdad?

Todo un concepto, o mejor dicho una filosofía de diseño que recibe el nombre de KODO. Que viene a sustituir el anterior lenguaje de diseño, Nagare (inspirado por los elementos de la naturaleza como el viento o el agua).
Cada Mazda, y no hablamos sólo de coches, sino todo producto de Mazda se concibe desde hace poco pensando en plasmar el “alma del movimiento”.

El movimiento del guepardo en el momento previo al ataque, donde la elegancia en el movimiento del felino culmina con su potencia y fuerza. O la tensión del arco antes de disparar la flecha.

En la etapa KODO de Mazda son cruciales las mentes (privilegiadas) de dos hombres: Ikuo Maeda y Kevin Rice.

El señor Maeda es el jefe de diseño mundial de la marca desde 2009. Un hombre que no sólo tiene la apariencia y el nombre de un maestro oriental, sino que también efectivamente lo es.

Desde 1982, Ikuo ha trabajado para la marca con unos comienzos en los que las expectativas estaban bastante altas, pues su padre no es otro que el legendario diseñador Matasaburo Maeda.

Los Maeda. Padre e hijo.

Un hombre discreto y admirado por colegas de la profesión como Nuccio Bertone, con talento creativo y mente de ingeniero que sorprendió al mundo con su obra prima, el RX-7. Su filosofía de diseño era completamente opuesta al KODO y por tanto a la de su hijo. Firme defensor de las líneas sobrias y la funcionalidad por encima de todo, se opuso de forma repetitiva al dinamismo en el diseño de su hijo.

Ikuo Maeda, alma máter del KODO.

Pero KODO no es un gesto de rebeldía hacia el legado de su padre, sino el homenaje desde una perspectiva diferente. Aunque como remarca Ikuo, con su padre comparte la regla de evitar hablar de diseño.

No obstante, se mostró muy orgulloso de su hijo con como plasmó la continuación de su trabajo con el RX-8.

“De tal palo tal astilla”, RX-7 (derecha) frente al RX-8 (izquierda)

Y como habíamos comentado, Ikuo Maeda no está sólo.
Sino que ejerce de Sensei (maestro) de los diseñadores repartidos por todo el mundo, sirviéndose de su mano derecha Kevin Rice.

Con una trayectoria intachable en marcas como BMW, Rice no es que tenga que forzar el diseño KODO sino que este corre por sus venas. Se mimetiza tanto con Maeda, que de lejos uno podría pensarse que son la misma persona.

Kevin Rice junto a Ikuo Maeda

Pero pese a hablar de filosofías y demás conceptos metafísicos, si hay algo que es KODO y Mazda en general, es utilizar las manos. Literalmente.

Toda creación surge de un bloque de arcilla que va tomando forma a base de pulir con mucho cuidado y detalle. Obviamente se tardaría menos con una impresora 3D, pero como en las películas de Kung Fu, el motivo detrás es el del respeto al trabajo.

“Aprende con los ojos antes de escuchar un consejo” es uno de los principios KODO

Porque lo bueno no es suficientemente bueno, porque encontrar la tonalidad de rojo óptima requiere tiempo y nadie cuestiona esto. Porque está la regla no escrita de estar continuamente observando pero que la inspiración pille siempre trabajando.
Y porque aquí hay que atreverse a ir más allá de la perfección. Y ante todo, ni si te ocurra mencionar a un coche como máquina. Para Mazda es mucho más.

Pese a que KODO sea la actual mentalidad en cuanto a diseño, le llegará su tiempo y le tocará a otro concepto. Y sin embargo (espero) siempre quedará algo intocable:

-La voluntad de ser diferente.

Fuente: Mazda

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