Las siglas AMG normalmente quedan reservadas para los modelos más deportivos y prestacionales de la marca alemana. Pero la división deportiva de Affalterbach, que ya tiene más de 50 años a sus espaldas, también llevó a cabo algún vehículo que se salía de sus cánones. El caso más flagrante es sin duda el de la Mercedes MB 100 D AMG, una preparación de la popular furgoneta que estaba alimentada por una mecánica diésel. De hecho se convirtió en el primer modelo diésel en la historia de AMG.

Fue presentada en 1989 y hay que decir que tiene una relación especial con nuestro país. Tras la adquisición de DKW-Imosa, Mercedes se hizo cargo de la fábrica de Vitoria que todavía regentan. Allí se produjo la MB 100 D entre 1988 y 1995 , una furgoneta que es la antecesora de la Vito. Sobre este modelo se hizo la curiosa preparación de la que hoy hablamos, todo un ‘rara avis’ en el mundo del motor  lleno de peculiaridades.

Lo primero que se le hizo a esta MB 100 D AMG fue darle un aspecto más deportivo. Los especialistas de Affalterbach diseñaron una carrocería más aerodinámica, situada más cerca del suelo y con los bajos en color gris (aunque podían ser pintados en cualquier color a petición del cliente). También cambiaron la parrilla delantera (sin la estrella de Mercedes), faros dobles o llantas AMG de 15 pulgadas con neumáticos de alto rendimiento.

Si por fuera destacaba su deportividad, por dentro era todo distinción y lujo. Las hasta nueve plazas recibían una tapicería de Alcántara, material que se extendía hasta los revestimientos laterales e incluso a las prácticas mesas plegables. Opcionalmente la marca ofrecía dispositivos de teléfono o vídeo. Todas estas mejoras hacían que la versión de AMG con un precio de hasta 95.000 marcos alemanes (unos 48.500 euros) costase más del doble que la versión básica que partía de 37.620 marcos alemanes (unos 19.500 euros).

El motor, uno de los aspectos donde siempre ha destacado AMG, en este modelo se mantenía prácticamente de serie. El bloque diésel atmosférico de 2.4 litros desarrollaba 72 CV y estaba ligado a una caja de cambios manual de cinco velocidades. La marca ofrecía una sobrealimentación por turbo para otros modelos, que también se pudo aplicar en la MB 100 D AMG para conseguir un aumento de su potencia hasta los 100 CV.

Esta singular furgoneta deportiva no fue un modelo de volumen, pero sí que ganó cierta popularidad gracias a algunas acciones de la marca. Por aquella época AMG tenía presencia en el DTM gracias a los 190E de competición. Los equipos dispusieron de la Mercedes MB 100 D AMG para darles uso en los desplazamientos a los circuitos. Un modelo irrepetible con dosis de herejía y de genialidad a partes iguales.

Fuente: MyVan by Mercedes-Benz
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