El Mercedes-AMG Project One fue una grata sorpresa para el sector y para los amantes de los superdeportivos. Se trataba de un prototipo muy cercano a la Fórmula 1 que tendría una versión de producción. Recientemente se ha confirmado su nombre definitivo, que se simplificaba a Mercedes-AMG One. Aunque se esperaba que los primeros ejemplares fueran entregados en 2019, su llegada parece haberse retrasado para mediados de 2020.

El motivo parece bastante evidente: no es fácil que un motor de competición se adapte a la estricta normativa de emisiones. Eso mismo comentaba Tobias Moers, jefe de AMG, durante una entrevista con Top Gear en el pasado Salón de París. El motor V6 de 1.6 litros con un turbo eléctrico derivado de la Fórmula 1, que trabajará conjuntamente con otros cuatro propulsores eléctricos, está teniendo que recibir una serie de modificaciones para poder llegar a la calle.

Moers dice que la temperatura no es un problema, que lo difícil es mantener un ralentí estable a 1.200 rpm. Estamos hablando de una mecánica que en competición tiene un ralentí de 5.000 rpm, algo que es inconcebible en un coche de calle. El jefe de AMG dice que si el ralentí es inestable, también lo serán las emisiones y no podrá lograr la homologación. Otra de las medidas que se han tomado es situar su corte de inyección a las 11.000 rpm, una cifra alta pero todavía alejada de las 14.000 rpm que alcanzan en la Fórmula 1.

El retraso de alrededor de nueve meses puede estar justificado, ¿pero qué pensarán sus compradores? Estamos hablando de que se harán 275 unidades del Mercedes-AMG One y que ya todos tienen dueño. Unos dueños que han desembolsado entre 2 y 3 millones de euros. Pues según Moers, los propietarios prefieren que la marca se tome su tiempo y que se aseguren de que el vehículo funciona perfectamente antes de su entrega.

Fuente: Top Gear

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