Si le echamos un vistazo al currículum de este italiano de 71 años, lo primero que cabe preguntarse es si no estaría interesado en aprovechar su jubilación.

Lo más probable es que responda con una media sonrisa. Desde que acabó sus estudios de Derecho, este señor de nombre Luca Cordero di Montezemolo no ha hecho más que trabajar.

Lo hacía hasta hace poco como presidente de la aerolínea Alitalia, y ahora al frente de la compañia ferroviaria Italo – NTV. Sin embargo, su nombre siempre irá asociado al caballo más famoso del motor.

Sus veintitrés años al frente de Ferrari llegaron a su fin en 2014. Una petición propia de dejar la marca que había ayudado a optimizar desde el punto de vista organizativo y tecnológico. Aspecto que el propio Sergio Marchionne, su sucesor, se encargó de recordar el día que se anunció su partida.

Como la memoria es selectiva y teniendo en cuenta que su marcha coincidía con una de las peores rachas de la marca en la Fórmula 1, toca recordar un legado que no debe caer en el olvido.

Su historia en Ferrari había comenzado a los 26 años. Era 1973, y este joven ya contaba con la visión suficiente como para convertirse en la mano derecha de Enzo Ferrari. Y es que Don Enzo, no le había confiado un puesto cualquiera, sino uno de los más relevantes de la marca, gerente de la Scuderia en la Fórmula 1.

Dos años después de su nombramiento, Niki Lauda ganaba su primer campeonato mundial al volante del Ferrari 312T. En 1977 llegó el segundo.

Fue ese mismo año, cuando Gianni Agnelli, presidente de Fiat (marca que fundó su abuelo) y playboy italiano en sus ratos libres, incorporó a Montezemolo en la mesa directiva de la marca. Debido a la compra del grupo Fiat de gran parte del accionariado de Ferrari en el año 1969, Luca no perdió su vinculo con su antigua compañía.

Nos situamos ahora en 1988, más concretamente un 14 de agosto. Enzo Ferrari acababa de fallecer en la ciudad que le vió nacer, y Gianni Agnelli ya había contactado con Montezemolo para explicarle su nueva misión: prepararse para sustituir a Il commendatore.

Agnelli (izquierda), y Montezemolo (derecha) en Torino, 1990

Tres años más tarde, Luca Cordero di Montezemolo asumía su posesión como presidente de Ferrari con una difícil tarea, hacer que las cuentas cuadren. Por aquel entonces, la marca estaba asfixiada por una tremenda deuda con la cual era imposible trazarse objetivos a largo plazo. No hasta que la marca pudiese asegurarle a sus inversores que estaba lejos del colapso financiero.

Los cambios no tardaron en llegar, especialmente en la Scuderia. Luca volvería a confiar en Niki Lauda, esta vez como asesor, quien acabaría trabajando codo con codo con el ingeniero jefe Claudio Lombardi.

Una decisión acertada teniendo en cuenta la racha de éxitos que desde 1999 enterró (de momento) los disgustos que venían sufriendo los aficionados del equipo. Un sueño que se extendería hasta el 2004 elevando a Schumacher a la categoría del Káiser de la Fórmula 1

. Es justo mencionar la gestión del ahora presidente de la FIA, Jean Todt. Su habilidad como cazatalentos contribuyeron a los seis títulos mundiales de constructores. Mérito que Montezemolo reconocería en la partida de Todt de Ferrari. No obstante entre ambos no quedaron resquicios de amistad teniendo en cuenta los sonados rifirrafes que se vendrían sucediendo como consecuencia de las posturas políticas de la FIA.

En el plano financiero los demonios acabaron desapareciendo. Por primera vez desde su fundación, Ferrari conseguía generar un beneficio anual considerable. Y si antes comentábamos la falta de visión a largo plazo de la marca, Montezemolo se encargó él mismo de instaurar una filosofía de trabajo en la que la marca debería estar continuamente generando valor.

Pese al estallido de la crisis financiera del 2008, Ferrari no ha vuelto a tener una asfixia económica sino que incluso los beneficios superaron con creces las predicciones de negocio.

Pero el declive de Montezemolo no llegaría por un mal balance financiero sino por una crisis de marca venida del equipo de Formula 1 que antes lo había ganado todo. Una sequía de seis años donde pocos querían asumir su culpa. “No ganamos pese a tener a dos campeones del mundo” afirmaba Marchionne con un dardo cuya diana era clara.

Montezemolo ya no tenía el poder, y lo peor, el respeto que se había forjado con los años. Su falta de autocrítica incrementaron el fango en el que estaba hundida la Scuderia. Un ridículo cuyo punto máximo fue la retirada de Alonso en la vuelta 29 en Monza.

Tras 23 años, las circunstancias superaron a Montezemolo, quien por decisión propia acabaría dimitiendo, dando paso a Sergio Marchionne como mandamás en la firma del cavallino rampante.

Una salida por la puerta trasera como quedaría patente en el 70 aniversario de Ferrari. Por alguna extraña razón la invitación no le llegó a Montezemolo. Un gesto maquiavélico por parte de Marchionne, quienes sus cercanos le critican justamente por su excesiva sobriedad y obsesión por la Fórmula 1 como negocio.

“Estaría dispuesto a que Ferrari fabricase camiones si eso diese dinero”, relataba Montezemolo en una entrevista. Ahora Montezemolo esquiva las preguntas sobre su legado, dice tener otros proyectos en mente.

No obstante, su biografía no podrá desligarse nunca de la marca. Historia que comenzó con una anécdota curiosa: Llamó en directo a un programa de radio que estaba criticando a Enzo Ferrari. Su impulsividad y su visión coincidieron en que al mismo tiempo, en otro rincón de Italia, había un hombre escuchando con detalle lo que aquel joven decía. Casualidades de la vida, era su futuro jefe.

Fuente: Gentlemans Journal, BBC, El País

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