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Gonzalo Yllera

Prueba a fondo: Ford Kuga Titanium 2.0 TDCi 4×4

Dado su tremendo éxito comercial, el segmento de los SUV vive en una constante evolución, con la presentación de nuevos modelos casi cada mes. De hecho, la auténtica referencia y uno de los pioneros en este nicho de mercado, el Nissan Qashqai, ha sido recientemente renovado para no quedarse atrás frente a la nutrida competencia. Nuestro compañero Luis Ramos os obsequió con todos los detalles de esta nueva generación, en la corta toma de contacto que pudimos realizar en Madrid hace unas semanas.

Uno de sus más duros opositores al trono de los SUV medios es el Ford Kuga del que también, hace unos meses, ha sido lanzada su segunda generación, tras una exitosa primera entrega que ya tuvimos ocasión de probar a fondo para todos vosotros.

La lucha entre ambos en el mercado español no es nada igualada, con un clarísimo vencedor en el modelo de Nissan, a pesar de que los datos aún hacen referencia a la generación anterior, con nada menos que 20.372 unidades vendidas en 2013 (lo que, además le emplaza como cuarto vehículo más vendido del año, sólo por detrás de los Citroën C4, Renault Mégane, y SEAT Ibiza). El Ford Kuga, por su parte, a pesar de sus excelentes ventas con 5.256 unidades, se sitúa bastantes puestos por detrás en el ranking.

Pero hoy centraremos nuestra atención en el modelo de la firma americana, en una de nuestras habituales pruebas a fondo:

Exterior

Lo primero que nos llama la atención de esta segunda generación del Ford Kuga, aparte del bonito color Blanco Polar de la unidad probada, es que ha crecido apreciablemente en todas sus dimensiones. Lo más destacado es el aumento producido en longitud, con 8 cm adicionales, llegando hasta los 4,52 metros, una anchura de 1,84 metros y una altura de 1,70 metros (sin barras en el techo, como era el caso de la versión probada, que puede subir con ellas hasta los 1,74 metros). Mientras que la distancia entre ejes se establece 2,69 metros.

Además esa sensación se ve acentuada por las nuevas líneas del modelo de Ford que, aun conservando un cierto aire de su antecesor, ve como sus trazos se modernizan y a la vez se vuelven más aerodinámicos, no en vano el Coeficiente Cx desciende de 0,38 a 034, lo que tiene innegables repercusiones positivas a nivel de ruidos y consumos.

El frontal ofrece una cuidada evolución sobre la generación anterior. Es algo menos radical y más tendido, aunque sigue disfrutando de la innegable fuerza del diseño que caracteriza a los Ford de los últimos años.

Destacan las grandes aberturas de ventilación que en algunos casos no son tales, como las que se sitúan justo por encima de las luces antiniebla, que están completamente cerradas, por lo que su función es meramente estética, aparte de las que verdaderamente se encargan de encauzar el flujo del aire hacia radiadores e intercooler, divididas en dos zonas, una superior más estrecha, presidida por el óvalo de la marca, y una inferior de mayores dimensiones, donde se emplaza la placa de matrícula. La parte más baja está rematada por una protección de plástico, a modo de cubre-cárter, con un cometido más estético que funcional.

Los grupos ópticos principales están compuestos, en nuestro caso, por unos atractivos conjuntos de xenón que, aparte de sus formas, destacan por su gran efectividad al alumbrar en la oscuridad. En cambio, a su lado se sitúan las luces de “cornering”, es decir las que iluminan las zonas adyacentes del vehículo al tomar una curva. No comprendemos esta ubicación, demasiado alta y poco efectiva (y que además deslumbra a otros conductores), en un lugar en el que deberían situarse los intermitentes para mayor visibilidad y seguridad, que para más inri están colocados en la parte inferior del paragolpes, junto a los antiniebla. Misterios del diseño.

Si nos desplazamos unos cuantos metros hacia un lado, podremos observar más detenidamente la imagen lateral de este SUV. Aquí es donde se aprecian menos diferencias con respecto a su antecesor, excepto las derivadas de su mayor longitud, con el techo con una inclinación más progresiva, y una tercera ventanilla algo más grande que nos da idea de su mayor capacidad de maletero, además de los grupos ópticos, tanto delanteros como traseros que se prolongan hacia los laterales. También son nuevas las vistosas llantas opcionales de 19 pulgadas de diámetro, que montaba la unidad probada, con neumáticos Continental Conti Sport Contact en medidas 235/45 R 19 V XL.

Finalmente, la parte trasera, viene marcada por la presencia del generoso portón que da acceso al maletero. Los grupos ópticos le otorgan un carácter agresivo, que en esta versión se ayudan para ello de la destacable presencia de las dos salidas de escape. El cristal superior, sin ser de grandes proporciones, permite una correcta visión de lo que ocurre detrás nuestro, ayudado en las maniobras por la presencia de una cámara de visión trasera, disimulada en el resalte que hay justo encima de la placa de matrícula. La parte inferior está rematada por protecciones plásticas (donde se sitúan los escapes) que, al igual que ocurre en la zona delantera, tienen más una función estética que efectiva.

Interior

Las mayores dimensiones exteriores han ayudado de manera decisiva en la mejora de la habitabilidad interior. Aunque no consigue ser la mejor del segmento sí que ha ganado muchos enteros, y esto es muy de agradecer, sobre todo para los ocupantes de los asientos traseros.

Los acabados son buenos al igual que la mayoría de los ajustes aunque, para nuestro gusto, se observan algunas zonas con exceso de plásticos de tacto duro. Pero lo que, sin duda, más llama la atención, en línea con el diseño del resto de modelos Ford, como el Focus o el C-Max, son las “futuristas” líneas del salpicadero y de la consola central. Resulta bastante impactante visualmente las primeras veces que nos subimos al vehículo, pero poco a poco y con el uso diario nos vamos dando cuenta de algunos de sus defectos.

La pantalla del navegador es demasiado pequeña y se encuentra muy alejada del conductor aunque, como contrapartida, está protegida de la luz por una especie de semi-cúpula, lo que mejora su visibilidad incluso cuando el sol incide directamente sobre el salpicadero.

La zona situada inmediatamente debajo, donde se ubican la mayoría de controles del sistema multimedia, navegador, etc. está realizada en un plástico negro brillante que produce constantes reflejos muy molestos. Además los botones (a excepción del mando de control central) son excesivamente pequeños para el espacio disponible (por ejemplo el del warning) y, en ocasiones, obligan a apartar la vista de la calzada para su manipulación. En cambio el espacio dedicado al climatizador presenta un diseño mucho más práctico, con controles de fácil e intuitivo accionamiento.

Lo que no recibe más que parabienes por nuestra parte es el diseño del cuadro de mandos, con relojes de tamaño adecuado, de grafías claras y buena iluminación, donde se nos muestran las típicas informaciones de velocidad, revoluciones, nivel del depósito de combustible y temperatura del agua.

Pero si por algo destaca esta zona es por la presencia de una excelente pantalla multifunción donde, aparte de visualizar todos los valores habituales de un ordenador de a bordo (consumos, kilometrajes, etc.) se pueden configurar diferentes parámetros de los innumerables sistemas de ayuda a la conducción de los que dispone este modelo e incluso se muestra la potencia que se distribuye a cada una de las ruedas, cuando entra en funcionamiento el sistema inteligente de tracción total.

El volante tiene un diseño no muy vistoso estéticamente pero el tamaño es correcto al igual que su grosor, con un tacto agradable y ayudándonos a dirigir correctamente el vehículo tanto en maniobras en ciudad como en recorridos por autopista o incluso si nos atrevemos a circular por pistas. Los mandos situados en los brazos superiores permiten controlar los menús de la pantalla multifunción así como el manos libres o el sistema de audio y al igual que los que gobiernan el control de crucero adaptativo son bastante intuitivos.

La palanca de cambios, en este caso encargada de controlar la transmisión automática PowerShift de 6 velocidades, está muy a mano y su diseño es agradable, permitiendo realizar las maniobras habituales de forma ágil. Lo que no nos ha gustado tanto, como ya veremos en el apartado dinámico, es el modo de accionamiento manual, encomendado a una especie de mini-levas movidas por el dedo pulgar, que permiten subir y bajar de marchas, resultando mucho menos prácticas que el carril adicional de la palanca o las habituales levas tras el volante de otros sistemas.

El techo panorámico Open-air otorga una gran luminosidad al habitáculo, cosa de agradecer en esos fríos días de invierno cuando la luz escasea. Si sale el sol podremos extender una cortinilla interior que mitigará sus efectos y si decidimos abrir el cristal, eléctricamente, disfrutaremos de aire fresco pero sin molestas turbulencias ni ruidos (lo hemos probado hasta los 120 km/h legales, con un funcionamiento óptimo).

Los asientos delanteros también nos han gustado bastante, tanto por su diseño, comodidad o los materiales empleados (piel en el caso de nuestra unidad de pruebas). No resbalan, sujetan bien el cuerpo y los viajes largos no resultan cansados. Además disponían de calefacción regulable, muy útil cuando subimos a esquiar y las temperaturas son especialmente frías.

En la parte posterior ha aumentado considerablemente el espacio para sus ocupantes respecto a la anterior generación, aunque no se partía precisamente de un dechado de virtudes en este sentido. Los asientos traseros tienen unas formas agradables y, como casi siempre, están optimizados para que viajen cómodamente dos personas, aunque el tercer ocupante no será maltratado precisamente, como sí ocurre en otros modelos. Pueden reclinarse para mejorar la comodidad en largos desplazamientos o abatirse fácilmente, con solo pulsar un botón, para cargar aquellos bultos más grandes de lo habitual.

Maletero

Y siguiendo con la tónica expresada hasta ahora, otro de los grandes beneficiados del aumento de medidas es el maletero que pasa de los 360 litros de la primera generación (con rueda de repuesto, 410 litros con kit repara pinchazos) a los más de 456 litros del modelo actual. Una capacidad mucho más acorde al uso al que se va a destinar este modelo: transportar a la familia y todo su equipaje, aunque aun así está ligeramente por detrás de otros modelos de la competencia.

Como ya hemos comentado, los asientos traseros pueden abatirse en su totalidad o por partes (en una proporción 60/40) de forma que, en función de nuestras necesidades de transporte, podremos disponer de un volumen de carga de hasta 1.653 litros, que se antojan muy útiles a la hora de trasladar bultos de grandes dimensiones. Lástima que una vez plegados los asientos el fondo no sea totalmente plano y que la altura de la boca de carga resulte algo elevada. Pero es que no se puede tener todo…

Justo debajo del suelo del maletero dispondremos, en esta ocasión, de una rueda de recambio de uso temporal en medidas 155/70 R 17, pudiéndose optar opcionalmente por un kit de reparación y así ganar algo de espacio adicional, pero que no nos hará ninguna gracia cuando pinchemos, o peor aún rajemos un neumático en un camino alejado de la civilización, con toda la familia a bordo.

Pero uno de los aspectos más destacados del maletero viene dado por el sistema de apertura automática (opcional), gracias al cual, si llevas la llave en el bolsillo, y tan solo pasando el pie por debajo del paragolpes trasero, el portón se abrirá o cerrará por sí solo. Tras probarlo infinidad de veces no tenemos más que felicitar a Ford por la idea (más propia de vehículos de un segmento superior).

Su funcionamiento es correcto, aunque algunas veces tarda más de lo necesario en responder, no disponiendo de confirmación de que nuestro pie y los detectores se han entendido. No obstante resulta muy útil, por ejemplo, cuando volvemos de la compra con ambas manos cargadas de bolsas, no teniendo necesidad de soltarlas en el suelo para pulsar un botón en la llave o en el portón con el que abrir el maletero.

Equipamiento

Aprovechando la profunda renovación que ha supuesto esta segunda generación del Ford Kuga se han incorporado en su equipamiento multitud de gadget que hasta ahora solamente se veían en monovolúmenes de clara vocación familiar, como pueden ser las bandejas en los respaldos de los asientos delanteros, los diversos huecos existentes debajo del piso, donde esconder la pequeña impedimenta de uso más habitual o disponer de una toma de corriente de 220 voltios para enchufar, por ejemplo, un ordenador portátil.

Pero, sin lugar a dudas, y donde este modelo marca verdaderamente la pauta frente a sus rivales es en el apartado de la seguridad activa. Todo un despliegue tecnológico del que hace gala y cuya misión consiste en evitar ese amplio porcentaje de accidentes mortales (que algunos estudios cifran en hasta un 50 %) debidos a las distracciones en la conducción.

Para ello está disponible en opción un pack, denominado Paquete Tech, que por poco más de 1.000 euros ofrece todo un compendio de avances tecnológicos de última generación que nos ayudarán a mantenernos en la vía, a pesar de que nos empeñemos en lo contrario, y siempre dentro de los límites de la física, obviamente. Consta de los siguientes sistemas:

  • Avisador y Asistente de mantenimiento de carril: Detecta cuando el vehículo se acerca a una línea delimitadora del carril por el que se circula y, si no se ha accionado el intermitente, alerta al conductor mediante una vibración en el volante. Y en caso de persistir en el error el asistente actúa sobre la dirección para devolver el vehículo al carril.
  • Sistema de reconocimiento de señales de tráfico: Identifica las señales de la carretera y las muestra en la pantalla del cuadro de instrumentos. También avisa cuando se supera el límite de velocidad establecido para la vía.
  • Control automático de luces de carretera: alternando entre las luces de carretera y cruce, en función de las condiciones del tráfico.
  • Monitor de conducción segura: Detecta las desviaciones de trayectoria causadas por la fatiga, mostrando un aviso para que se haga un descanso.
  • Active City Stop: Ayuda a reducir la posibilidad de un accidente con el vehículo que nos precede, aplicando la máxima potencia de los frenos.
  • Detector de ángulos muertos (BLIS): Alerta de los vehículos situados en los puntos ciegos mediante una luz de advertencia en los espejos retrovisores exteriores.
  • Retrovisores exteriores plegables eléctricamente.
  • Parabrisas térmico Quickclear.

El funcionamiento de todo este tipo de tecnologías aplicadas a la conducción es verdaderamente sorprendente, sobre todo las primeras veces que se usan (a pesar del desconcierto inicial). Los problemas pueden aparecer cuando el conductor crea que le van a salvar, sea cual fuere la inconsciencia que cometa al volante, y decida subirse al vehículo con sueño, bebido o simplemente no preste la atención debida a la conducción. Hay que ser consciente de que este conjunto de técnicas son una ayuda y por el momento, aunque están ya muy avanzadas, la conducción completamente autónoma, tardará aún algunos años en imponerse (afortunadamente). De todas formas cabe recordar que la medida más importante de seguridad en un vehículo está en el cerebro de quien lo maneja.

Después de la parrafada paternalista que os he soltado, y aparte de todo lo anteriormente expuesto, en este Ford Kuga tampoco falta un buen sistema de multimedia, firmado por Sony, que incorpora el sistema Ford SYNC por el que se puede controlar mediante la voz el teléfono, la música e incluso leer los mensajes de texto del móvil. Un navegador que se ve minusvalorado por el reducido tamaño de la pantalla central o todo un extenso equipamiento encaminado a hacer la vida un poco más fácil y entretenida a sus ocupantes.

Puedes adquirir un Ford Kuga desde 20.390 euros (la versión de 5 puertas, con nivel de equipamiento Trend, dotada del propulsor 1.6 EcoBoost de 150 CV con Auto-Start-Stop, caja de cambios manual de 6 velocidades y tracción delantera).

También es posible comprar un Ford Kuga con el mismo nivel de equipamiento de la versión probada, es decir 5 puertas, en acabado Titanium, con el motor 2.0 TDCi de 163 CV, cambio PowerShift y tracción 4×4, desde 33.850 euros.

Pero la versión cedida por Ford para esta prueba incluía, además, las siguientes opciones:

  • Color Blanco Platino —– 800 €
  • Tapicería de Cuero Torino Negro Charcoal —– 1.600 €
  • Techo panorámico Open-air —– 1.000 €
  • Portón automático Ford Hands Free —– 600 €
  • Detector de presión de neumáticos (DDS) —– 50 €
  • Gancho de remolque desmontable —– 650 €
  • Paquete Xenon —– 0 €
  • Control de crucero adaptativo inteligente (ACC) —– 900 €
  • Ford Ambient+ —– 100 €
  • Alarma Thatcham perimétrica y volumétrica + Doble cierre —– 300 €
  • Paquete City —– 350 €
  • Paquete Tech —– 1.050 €
  • Paquete Familiar —– 150 €
  • Navegador Sony con pantalla TFT de 5″ + 9 Altavoces + SYNC —– 1.100 €
  • Llantas de aleación de 19 pulgadas —– 600 €
  • Rueda de repuesto mini —– 70 €

Por lo que el precio final asciende hasta los 43.170 euros. Una cifra considerable, que no todo el mundo puede permitirse, pero hay que tener en cuenta toda la carga tecnológica y de equipamiento que le acompaña de la que carecen, por el momento, muchos de sus competidores. No obstante siempre puede ajustarse el precio final prescindiendo de ciertos elementos, en función de las necesidades y el presupuesto de cada familia.

Motorización

El propulsor es un viejo conocido en la firma del óvalo, presente también en otros modelos. Se trata de un 4 cilindros en línea turbodiésel, en disposición transversal, de 1.997 cc de cilindrada, que recurre a la inyección directa de combustible tipo Common-Rail, a un turbocompresor de geometría variable y a un intercooler para proporcionar una potencia de 163 CV a 3.750 rpm y un par máximo de 340 Nm entre 2.000 y 3.250 rpm.

En el caso de nuestra unidad, al estar equipado con el cambio automático Powershift de 6 relaciones, de largos desarrollos, y con los 2.230 kilogramos de peso que muestra en la báscula, además del rozamiento adicional que supone la tracción total, no es de extrañar que las cifras obtenidas no sean de record, tanto en las prestaciones, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos o una velocidad máxima de 196 km/h; al igual que en los consumos, con unos valores homologados de 7,4 l/100 km en ciclo urbano; 5,5 l/100 km en recorridos interurbanos y de 6,2 l/100 km como media ponderada.

Como os comentamos, siempre que tenemos ocasión, estas cifras son prácticamente inalcanzables por los usuarios finales y, por ejemplo, en nuestro caso, logramos un consumo medio de 8,2 l/100 km en los casi 1.200 km que realizamos a sus mandos, con un porcentaje de utilización de un 40% en vías rápidas, un 30% en carreteras y el 30% restante en ciudad y campo. Por su parte, las emisiones de CO2 alcanzan un valor de 162 g/km.

Es una lástima que la renovación que se ha llevado a cabo en este modelo no se haya producido igualmente en el propulsor que, a pesar de la voluntariedad de la que hace gala, se queda algo justo en cuanto a potencia se refiere, ya que el chasis podría soportar sin problemas unos cuantos caballos más, que siempre serían bienvenidos a la hora de circular con todos sus ocupantes a bordo y el equipaje correspondiente.

Comportamiento

Es cierto que el nuevo Ford Kuga quizá haya perdido algo del carácter deportivo de la anterior entrega, convirtiéndose más en un monovolumen familiar. Sin ir más lejos el Subaru XV (que probamos hace un poco más de un año) o el Range Rover Evoque (que también pasó por nuestras manos) le dejan atrás en cuanto la carretera se retuerce. Pero tampoco se trata de un vehículo que incite a extraer la quinta esencia de su propulsor o chasis. Además, dadas sus mayores dimensiones generales, no lo hace nada mal, situándose en un equidistante punto medio, entre los más deportivos y los más turísticos, del segmento.

Su mayor valía está en la polivalencia. No olvidemos que Ford con este modelo ha querido hacer un vehículo universal (denominado Kuga en Europa y otros mercados y Escape en EE.UU. y Canadá), cuyo comportamiento satisfaga a la inmensa mayoría de usuarios.

En autopistas y autovías tiene un rodar fácil y cómodo, manteniendo las velocidades estipuladas sin apenas esfuerzo y llegando a ellas con prontitud y solvencia. Además, gracias a la mejorada aerodinámica, la ausencia de molestos rebufos en espejos y otros elementos de la carrocería, aparte de los buenos ajustes de puertas y ventanas, hacen que el nivel de ruido proveniente de la carretera y del viento se haya reducido de manera muy importante, resultando un verdadero placer realizar largos viajes en familia a bordo de este Ford Kuga.

Las carreteras nacionales no son su ámbito preferido, aunque a poco que le cojamos confianza podremos mantener un muy buen ritmo. No es muy amigo de llevar a cabo una conducción al ataque, con fuertes aceleraciones y frenadas (no se trata de un deportivo). Sale más a cuenta dejarlo fluir, encadenando las curvas y manteniendo las inercias. El resto de pasajeros llegarán menos estresados a su destino y también lo notaremos favorablemente en los consumos.

En ciudad se mueve aceptablemente bien dado su tamaño. La visibilidad frontal y lateral es muy buena, en cambio la posterior se ve bastante mermada, pero para salvar este inconveniente disponemos de los sistemas de ayuda al aparcamiento y, sobre todo de la cámara trasera que, a pesar del reducido tamaño de la pantalla de visualización, nos aporta una tranquilidad extra en este sentido. Además, la postura más alta que en un turismo (aunque sin ser excesiva), nos permite ver por delante del resto de vehículos, pudiendo anticiparnos a sus movimientos. Lo que no nos ha gustado en exceso es cierta brusquedad del cambio en maniobras de aparcamiento, sobre todo si éstas se realizan en cuesta. No sabemos si es un problema generalizado o sólo de nuestra unidad, pues en el resto de situaciones se comporta más que adecuadamente.

En campo se desenvuelve también con aceptable solvencia. Nos referimos, evidentemente a pistas forestales o caminos sin gran dificultad, no a todo terreno extremo, pues para ello hay mejores modelos. Las suaves suspensiones hacen que las ruedas copien el terreno, resultando más difícil que pierdan tracción, ayudadas por el siempre eficaz sistema de tracción total (controlado electrónicamente, que distribuye el par motor entre ambos ejes de forma automática) y eso que, en nuestro caso, la monta de neumáticos estaba más orientada al asfalto que a circular fuera de él. Las cotas todoterreno tampoco son para tirar cohetes, pero nos permiten salir airosos de la mayoría de dificultades sin que la carrocería sufra las consecuencias.

Veredicto de Coches.com

Este Ford Kuga Titanium S 2.0 TDCi 4×4 se convierte en el vehículo ideal para aquellas familias que desarrollen gran parte de sus quehaceres diarios fuera de las grandes urbes, o bien que les gusten las actividades más lúdicas en contacto con la naturaleza.

Les permitirá llegar, gracias a su tracción total, a casi cualquier sitio con total seguridad e independientemente de las condiciones climatológicas reinantes y, además, rodeados de un ambiente cómodo, con suficiente espacio para los ocupantes y la carga, y con las últimas tecnologías en materia de seguridad y entretenimiento, lo que hará las delicias de los más pequeños (y mayores).

¿Pegas? Por supuesto que las tiene… ¿Qué hay SUV más dinámicos en carretera? Seguro. ¿Qué hay otros que consumen menos? Efectivamente. ¿Qué hay algún todocamino con un mejor comportamiento en campo? Claro, ¿Qué existen otros modelos con un más logrado ambiente Premium? Por supuesto (ni siquiera estamos seguros de que se haya pretendido entrar en ese segmento…)

Evidentemente no es el mejor modelo en cada uno de estos apartados tomados individualmente, pero puntúa con buena nota en todos ellos y la calificación del conjunto es realmente alta. Aunque podría mejorar en algunos aspectos, éstos no consiguen empañar el excelente resultado final de este modelo, que se convierte en una fantástica opción para familias activas. Y es que, a fin de cuentas, ¿qué es sino un SUV?.

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