La caida de las matriculaciones debido a la pandemia del coronavirus está siendo muy grande en toda Europa. Lo vimos en España, tanto en marzo como en abril, pero son datos similares en todo el continente, lógicos con las políticas de confinamiento para reducir la presencia del patógeno.

Junto a la crisis sanitaria, se avecina una fuerte recesión económica. Se avecinan tiempos complicados, sobre todo en países que, como el nuetro, dependen mucho del turismo exterior. Los gobiernos se preparan para lanzar programas de estímulo a la economía y, de este modo salvar empleos.

La automoción es uno de esos sectores que habrá qe empujar. En España es el primer sector en exportaciones y significa un 10% del PIB (y un 9% del empleo). Desde las patronales ya se ha presentado un plan de choque que anime a la compra. Recordemos que el sector se encontraba en una fase de cambio sn precedentes, debido a las normativas anticontaminación que obliga a reducir muchísimo los gases.

Solamente con la electrificación de los modelos (con ventas de coches híbridos enchufables y eléctricos) es posible alcanzar los objetivos marcados por ley. Los fabricantes están polarizados, ya que algunos consideran que, dada la situación, habría que establecer una moratoria, mientras que otros -más cercanos al cumplimiento– piden que nada cambie.

Las ayudas a la compra de coches no están demasiado bien vistas. Se dice que no apoyan a que personas con bajos ingresos puedan cambiar de vehículo, cuando son prcisamente quienes más puedan precisarlo. Son quienes ya pensaban comprarse un coche nuevo quienes se ven ayudados. Hay voces que piden más ayudas a las pymes… y que con el aumento del poder de compra, las ventas de coches subirían por sí mismas.

El problema en esta tesitura que nos encontramos es el tiempo. Mientras llega la reactivación pueden perderse empleos en la industria y en el sector de la distribución, a niveles de la crisis de 2008. Y ojo, que ahora incluso las ONG ambientales son conscientes de ello, tal y como leemos en Transport & Environment.

Eso sí, con matices. Si bien indican que reiniciar la demanda es crucial para la recuperación de la industria automotriz, «el único apoyo público aceptable es acelerar la adopción de soluciones limpias y sin emisiones». Eso lo concretan en cinco puntos:

  • Incentivos sólo a modelos de cero emisiones, con apoyo especial para compradores de bajos ingresos y vehículos eléctricos de segunda mano.
  • Apoyar a las flotas públicas y privadas para comprar nuevos automóviles eléctricos y camionetas.
  • Aumentar el gasto en transporte público y movilidad compartida (citan a los autobuses eléctricos).
  • Inversión pública en infraestructura de carga en edificios públicos y privados, centros de carga rápida para taxis, vehículos de transporte y furgonetas. Por toda la red de carreteras de la UE.
  • Si existen ayudas estatales directas a fabricantes de automóviles en problemas, deben acompañarse de condiciones (sin desarrollo de nuevos motores de combustión) y apoyar la producción de automóviles eléctricos y las cadenas de suministro, como las baterías.

Desde luego, la movilidad eléctrica es el futuro. El probleame es que se trata de una tecnología donde asiáticos y americanos iban por delante de la industria europea. Las últimas inversiones, de decenas de miles de millones de euros, pretenden que se fabriquen 3,5 millones de automóviles eléctricos en Europa en 2020-21, así como un docena de fábricas de baterías de cara a 2023.

Tiene sentido que la brecha tecnológica existente con otros continentes siga reduciéndose y se apoye una «recuperación arraigada en la movilidad y la electrificación sin emisiones», tal y como indican en EuroActiv.

Cierto es que todavía faltan por amortizar muchas inversiones en motores térmicos, pero pare

Fuente: EurActiv

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