El Trabant fue para la Alemania del Este (RDA) lo que el Volkswagen Beetle, el coche del pueblo, para la Occidental. Desde su presentación en 1963 y hasta que dejó de fabricarse tras la reunificación del país, en 1991, fue un símbolo de la Alemania socialista y uno de los coches más icónicos del comunismo.

Obtener un coche en la RDA era poco menos que una odisea. La lista de espera para adquirir un Trabant, que era el coche más barato que proporcionaba el Estado, era de 10 años (algo parecido ocurría en la URSS) Luego se necesitaba un coche que, además de barato fuera resistente. Siempre quedaba la opción de recurrir al mercado negro, una opción a la que la mayor parte de la sociedad no podía acceder. El Trabant tenía una media de vida de 28 años, en parte porque los ciudadanos mimaban su automóvil por lo difícil que era acceder a uno nuevo.

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La carrocería del Trabant 601 estaba compuesta de Duroplast, un plástico duro hecho de resina de algodón, algo que despertó las burlas y críticas de sus vecinos de la Alemania Occidental, que llegaron a describirlo como “el coche de cartón”. Los que se pueden reír ahora son los creadores del Trabant ya que su idea ha trascendido y ahora se estudia cómo hacer los coches de algodón y otras fibras botánicas, formadas en una nueva clase de compuestos híbridos. Al menos eso piensan en el Centro de Desarrollo de Fibras de madera del Instituto Fraunhofer en Braunschweig (Alemania).

falonso_f1_getty230314El acero y el aluminio están dando a paso a los materiales compuestos de carbono. Se trata, básicamente, de plásticos reforzados con fibra de carbono compuestos por resinas que proporcionan resistencia y durabilidad. Son compuestos con mucha durabilidadligeros, fuertes  y que han demostrado su valía en diferentes sectores, desde la Fórmula 1 hasta las prótesis quirúrgicas, pasando por las aeronaves. El problema es que los compuestos de carbono sintético de alta tecnología son caros y difíciles de fabricar. Hay alternativas, como la fibra de vidrio, que aunque reduce el coste tienden a ser más pesados y menos fuertes.

Los materiales compuestos botánicos parecen una buena opción en un primer momento. No son ni de lejos tan fuertes o duraderos como los compuestos de carbono, pero son más baratos y ligeros que los materiales compuestos. Además, los ingredientes botánicos se queman limpiamente sin dejar residuos.

La idea no es que las fibras botánicas reemplacen al carbono, sino combinarlos. Por ejemplo, la resistencia y durabilidad de un panel de material compuesto no necesita ser el mismo en toda la unidad. En lugar de ello, los compuestos de carbono se pueden utilizar en áreas que están sujetas a alta resistencia y el desgaste, mientras que los compuestos botánicos cubren otras áreas. De esta manera se abaratan los costes y es más respetuoso con el medio ambiente.

Fuente: Fraunhofer

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