Air Force One son tres palabras que cualquiera puede relacionar de manera casi instantánea con el presidente de los Estados Unidos o con la película protagonizada por Harrison Ford en 1997. Es el avión con el que el hombre más poderoso del mundo se mueve, pero el transporte del presidente de los Estados Unidos es más complejo y no es solo por el aire.

En primer lugar, no hay un solo Air Force One, sino que el presidente tiene a su disposición varios aviones Boeing 747-200B. Aquel en el que esté montado es el que recibe el nombre durante el transcurso del viaje. Actualmente, Boeing trabaja en nuevos Air Force One con la base de los Boeing 747-8, que son menos contaminantes, llegan más lejos y pueden resistir un ataque nuclear, aunque Trump piensa que es un contrato muy caro.

El avión se utiliza para viajes largos, mientras que en el resto de ocasiones, el presidente se mueve en helicóptero o en un convoy de coches. Los helicópteros se conocen como Marine One o Marine Two según esté montado el presidente o el vicepresidente. El convoy de coches se reserva para viajes de menos de 30 minutos, ya que son más costosos y es cuando el presidente está más expuesto.

Existen unos 35 helicópteros Marine One, con pequeñas diferencias entre ellos. En cada viaje, se mueven entre 3 y 5 helicópteros idénticos para proteger al presidente. Normalmente se utiliza para el trayecto entre la Casa Blanca y la Base de la Fuerza Aérea Andrews, donde “viven” los Air Force One. Normalmente, el tiempo entre aterrizar el helicóptero y subir al Air Force One – el presidente es el último en entrar al avión – es de cinco minutos.

Un desfile de coches que es una pesadilla logística

Sin embargo, el puzzle logístico más complicado de fletar es el convoy o desfile de coches con el que transportar por tierra al presidente de los Estados Unidos. Participan entre 40 y 50 vehículos con más de un centenar de personas, incluyendo personal de la ciudad en la que esté en ese momento y los propios agentes del servicio secreto.

Al inicio, un Coche Ruta pasará por el camino a seguir cinco minutos antes que el resto del convoy. Va acompañado de 20 o 30 motocicletas que se dedican a tapar las salidas y entradas a la ruta a seguir. En el convoy propiamente dicho, al inicio irá un Vehículo Líder que se encargará de ir guiando el camino.

Después está el Bloque de Seguridad. Si hubiera un ataque, sería a este paquete de vehículos, ya que aquí va el presidente, acompañado del equipo de seguridad. Protegen dos limusinas idénticas, una de las cuales lleva al presidente. Para más seguridad comparten incluso matrícula.

Las limusinas no son solo antibalas, sino que están protegidas frente a ataques químicos y cuentan con un curioso arsenal en su interior: lanzagranadas, gafas de visión nocturna, una pistola de gas lacrimógeno, escopetas, una botella de oxígeno y dos bolsas de sangre del tipo del presidente.

Las dos limusinas están rodeadas de un vehículo dedicado a contraataques electrónicos, dedicado a desactivar explosivos; un vehículo con el personal más importante del gobierno; y dos vehículos con personal del servicio secreto. Estos dos últimos siempre van con la parte trasera abierta y preparados para repeler ataques. En caso de conflicto, un coche acompaña al presidente mientras otro repele el ataque.

Finalmente, les siguen furgonetas de prensa y un equipo encargado de recibir las comunicaciones. Otro furgón contiene al equipo encargado de desactivar e identificar ataques químicos. Un ambulancia común les acompaña, y el convoy lo cierran tres coches policiales que evitan que se cuelen vehículos desde atrás.

La configuración de este desfile de coches varía según el territorio y las necesidades del momento, pero el estándar es el que os hemos descrito. Podéis verlo en acción en el siguiente vídeo, que también responde al gasto total de un viaje de una hora entre Washington y Nueva York: 2.614 dólares por minuto.

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