Hay bastantes dudas alrededor de la conducción y las enfermedades cerebrovasculares. El ictus o infarto cerebral es la primera causa de discapacidad grave en adultos y la segunda causa de muerte en España. Tradicionalmente, solía afectar a pacientes por encima de los 65 años, pero cada vez hay más casos por debajo de ese rango de edad. Debido a que es algo muy presente en nuestra sociedad, vamos a hacer un repaso sobre la posibilidad de conducir después de haber sufrido un ictus.

Hay muchos pacientes que sobreviven a enfermedades cerebrovasculares, aunque las secuelas pueden ser variadas. Puede causar algunos trastornos como hemiplejia, alteraciones del campo visual, mala orientación espacial, lentitud de reflejos, dificultades de atención, dificultad para leer o interpretar signos o deterioro intelectual. En la mayoría de casos es muy necesaria la rehabilitación para recuperar la máxima normalidad posible en la vida y eso también se aplica a los desplazamientos en coche.

Haciendo un repaso técnico a los ictus, son aquellas enfermedades que afectan a los vasos sanguíneos que suministran la sangre al cerebro. Se manifiestan súbitamente y se clasifican en dos grupos. Por un lado, los ictus hemorrágicos o hemorragias cerebrales, que se producen cuando un vaso sanguíneo se rompe. Por otro lado, los ictus isquémicos o infartos cerebrales, que ocurren cuando una arteria se obstruye por la presencia de un coágulo de sangre.

¿Cuándo se podría conducir después del ictus?

Cuando se sobrevive a un ictus lo primero que hay que pensar es en recuperarse apropiadamente. Con el tiempo, a muchos usuarios les preocupará la conducción; bien por necesidad, bien por gusto. Hay que ser consciente de la situación y de las secuelas que ha dejado la enfermedad cerebrovascular en cada caso. Puede que las habilidades hayan quedado mermadas como dijimos anteriormente y también hay cierto riesgo de volver a sufrir un nuevo ictus al volante, así como de tener efectos secundarios por la medicación.

Con estos datos encima de la mesa, lo que dice la Dirección General de Tráfico (DGT) es que un paciente no puede conducir hasta después de seis meses sin síntomas neurológicos. A partir de ese plazo es cuando se puede volver a coger el coche, después de pasar algunos trámites. Es necesario un informe del neurólogo que recoja que no ha habido secuelas. También es posible que haya algunas secuelas que no impidan que el paciente pueda conducir (como la afasia).

En ese caso, se puede volver a obtener el carnet de conducir tras pasar el examen psicotécnico pertinente en un centro de reconocimientos autorizado por la DGT. Si se obtiene este certificado se puede obtener una «renovación extraordinaria» de nuestro permiso de conducir. Eso quiere decir que Tráfico podría exigir una demostración práctica de las capacidades de conducción si lo creyese necesario.

Consejos para conducir después de un ictus

Como decíamos, lo principal al conducir después de haber sufrido un ictus es conocer la situación y las secuelas que ha dejado, en caso de haberlas. Para ello es necesario un trato cercano con el médico, que debería ser el asesor principal en esta situación. El paciente podrá conocer su evolución en cada momento y seguir los consejos del profesional en todos los ámbitos. Eso también incluye los posibles efectos secundarios de la medicación, que podrían interferir en la conducción.

Antes de hacer un desplazamiento es recomendable hacer una planificación. Es mejor moverse por carreteras conocidas y evitando trayectos con mucha densidad o en hora punta. Las condiciones climatológicas adversas también habría que eludirlas en la medida de lo posible. Antes de ponerse al volante hay que mantener los horarios habituales de descanso y evitar conducir por la noche.

A los pacientes que han sufrido un ictus también se les recomienda conducir acompañados por otra persona por precaución. No conviene pasar muchas horas al volante, por lo que también quedaría descartado utilizar en coche en la actividad laboral. Además, son recomendables algunos consejos aplicables a todas las situaciones como evitar maniobras forzadas o mantener una velocidad adecuada. Ante cualquier síntoma de alarma (somnolencia, movimientos anormales, dificultad de movimientos, alteraciones de la visión, etc) hay que detener la marcha y pedir ayuda.

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