La postura al volante es más importante de lo que parece y muchos de nosotros no nos damos cuenta que una mala posición de las manos en el volante o una manera de sentarse  incómoda puede provocar numerosos accidentes de tráfico.

Hace algunos años era complicado contar con una posición ergonómica en el coche ya que el asiento estaba limitado en sus postura y regulaciones, pero en la actualidad los asientos de un coche están estudiados para envolver a la persona y adaptarse  a la perfección  gracias a los distintos sistemas de elevación, inclinación, etc.

Con todo y con esto, la mayoría de los conductores adoptan una posición de manejo de forma intuitiva y con el tiempo adoptan la postura que más cómoda les ha resultado, sin saber en realidad si esa posición es la más adecuada y tenemos que decir que generalmente no lo es.

Un conductor mal sentado tienes muchas más posibilidad de incrementar su cansancio después de varias horas de conducción, por lo que el peligro de tener un accidente de tráfico al perder el control del coche es cada vez mayor.

Lo primero que debemos hacer cuando nos sentamos en el vehículo es ajustar el asiento, de modo que, con el embrague pisado a fondo, nuestra pierna esté ligeramente flexionada (no debemos estar ni exageradamente estirados ni muy pegados al volante).

De llevar este consejo a la práctica, no sólo alcanzaremos sin problemas los pedales, sino que, además, evitaremos una lesión típica de los accidentes de tráfico: la rotura de rodilla al frenar bruscamente con las piernas estiradas.

Durante la marcha, es importante también que nos acordemos de colocar nuestro pie izquierdo sobre el paso de rueda, retirándolo de allí exclusivamente cuando haya que pisar el embrague. Con ello, nos sentiremos mucho más sujetos al asiento, sobre todo en las curvas.

Al acomodarnos en el puesto de conducción, nuestra altura debe ser la adecuada para obtener una perfecta visibilidad, tanto por la luna trasera, como por la delantera y los retrovisores. El respaldo, por su parte, se tiene que situar de la manera más vertical posible, aunque, eso sí, sin alterar excesivamente nuestra comodidad: las posiciones muy “forzadas” pueden aumentar nuestra fatiga física en los viajes de larga distancia.

En lo que se refiere al tema del volante, antes de poner en marcha el vehículo, nos tenemos que asegurar de que la distancia entre las manos y el volante es la correcta, de manera que, colocando nuestra espalda sobre el respaldo, debemos estirar las manos hasta cerciorarnos de que las muñecas se apoyan en la parte superior del volante, es decir, sin necesidad de estirar mucho los brazos y sin tener que encogerlos, sólo flexionarlos ligeramente.

La postura de partida de las manos  tiene que ser la misma que la posición de las manecillas del reloj cuando marcan la hora de las “10 y 10”.

El reposacabezas es un elemento fundamental de seguridad que evita múltiples lesiones de gravedad en caso de accidentes. El llamado “latigazo vertical” es una lesión característica y extendida entre los conductores y para evitar eso en primer lugar, hay que asegurarse de que el asiento esté lo más vertical posible, sin afectar demasiado a nuestra comodidad (como ya hemos señalado antes).

En segundo lugar, intentaremos que la parte superior del reposacabezas quede a la misma altura que la parte superior de nuestra cabeza, con una distancia a la nuca inferior a 4 centímetros. Si fuera imposible alcanzar esta altura máxima, entonces debemos ajustar el reposacabezas lo más alto que podamos sin que sobrepase la altura máxima de la cabeza, aunque tampoco debe quedar nunca por debajo de la altura de los ojos del ocupante.

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