El alquiler a largo plazo de un vehículo híbrido supone para una empresa una inversión media global de 500 euros mensuales durante los casi cuatro años (44 meses) que dura de media un contrato de renting, tan sólo un 2% más que un coche de combustión convencional, según un estudio de Arval, compañía especializada en renting.

El informe revela que, a pesar de la percepción generalizada de que estos vehículos resultan más gravosos, lo cierto es que el coste de adquisición de un híbrido bajo la fórmula de renting resulta similar al de uno de motor térmico tradicional de parecidas características, debido a que la diferencia de precio se ve compensada por las ayudas de entre 1.800 y 2.000 euros anuales (unos 50 euros mensuales) a las que están sujetas estos coches gracias al Plan Estratégico del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía.

Así, un coche convencional de segmento medio puede suponer para la tesorería de una empresa un coste total cercano a los 490 euros al mes (incluyendo alquiler, mantenimiento, seguro, consumo de combustible e IVA no deducible), lo que supone apenas diez euros menos que un híbrido del mismo segmento y con los mismos servicios.

Según estas cifras, podemos decir que un vehículo híbrido representa ya una alternativa asequible para las empresas y una fórmula para contener gastos, máxime teniendo en cuenta las posibilidades de ahorro de carburante.

Además, estos coches híbridos no son más caros de mantener. Su paso rutinario por el taller resulta muy similar al de cualquier automóvil con motor de gasolina. Salvo las baterías, ambos modelos presentan elementos comunes tales como inyectores de combustible, bombas de agua, pastillas de frenos o amortiguadores, entre otros, por lo que comparten las mismas piezas de repuesto y pueden tratarse en talleres convencionales sin necesidad de recurrir a centros especializados.

Es precisamente la inseguridad técnica que causa el sistema de baterías del híbrido otra de las “falsas creencias” que se combaten en este informe, ya que la apuesta de los fabricantes por la fiabilidad de este elemento es firme, garantizando durante ocho años cualquier posible anomalía.

El estudio también apunta que la tecnología híbrida es una buena aliada para aquellas empresas que quieren reducir su gasto en combustible, una de las partidas más gravosas derivadas del uso del vehículo.  Estos modelos resultan más competitivos que un diésel en ciclo urbano. Mientras que el consumo medio de un coche de gasoil por ciudad ronda los cinco litros, el de un híbrido es de cuatro.

Por último, el informe concluye que la incorporación a las flotas de vehículos de bajo consumo, más eficientes y menos contaminantes, aportan un beneficio intangible asociado a la imagen de la compañía, proyectándola ante la sociedad como una empresa moderna, sostenible y comprometida con el medio ambiente.

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