Beber y conducir es una mezcla peligrosa. El alcohol es responsable de una gran parte de los accidentes mortales en carretera, así que mejor no jugar con medias tintas, y al volante, ni una gota. Aunque en la mayoría de los países civilizados existe una normativa clara que prohíbe hacer uso del automóvil si se ha consumido alcohol, el entramado legal que envuelve a Estados Unidos provoca que, en determinados Estados, la legislación vigente deje la puerta abierta a la conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas.

Según pública la revista británica Car and Driver, hasta seis Estados de aquél país padecen un vacío legal con respecto a esta tema que pueda llevar a la confusión, o a la pillería, de los conductores. En concreto, West Virginia, Connecticut, Delawere, Missouri, Arkansas y Mississippi no cuentan en su sistema legal con ningún tipo de normativa que prohíba la conducción tras haber consumido bebidas alcohólicas, por lo que, técnicamente, esta conducta no supone infracción alguna de la ley.

Sin embargo, y aunque el listón esta muy alto, existen casos aún más llamativos. En Alaska y Wyoming está prohibido conducir con un recipiente de líquido abierto en el vehículo, pero sí está permitido en el caso de que el automóvil está estacionado o simplemente detenido en la carretera.

Pero ninguna de las situaciones anteriormente descrita supera a lo que sucede en estado de Lousiana, con la llamado ley “excepción Daiquiri”. Aquí, las autoridades no consideran que una bebida alcohólica está abierta al menos que “la tapa haya sido removida, una gota sobresalga del recipiente o el contenido haya sido consumido en su totalidad”. Asimismo, si el recipiente no pertenece al de una bebida alcohólica (un vaso de café o una lata de Coca Cola) el vacío legal provoca que el conductor no pueda ser multado.

Vía: Terra
Fuente: Car and driver

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