La trágica historia de este circuito fue sentenciada por los vecinos quienes decidieron tomarse la justicia por su mano. Pero no adelantemos los acontecimientos y pongámonos en situación, nos encontramos en el circuito abandonado de Casalo Monferrate, Italia, en las cercanías del río Po a medio camino de Milán y Turín. Conocido popularmente como  circuito de Morano sul Po, su inauguración cuenta del 19 de marzo de 1973. 

Ese día, la primera personalidad en recorrer sus 2.460 metros de asfalto fue Arturo Merzario al volante del Ferrari 312 B2 de Fórmula 1 con una velocidad récord en el circuito de 144,95 km/h. En la imagen se puede observar el sencillo recorrido que suponía el circuito con 6 curvas a derecha y dos a izquierda.

Pese a la negativa de los vecinos que se oponían en que se construyese el circuito, 100.000 espectadores asistieron a las ver las 17 carreras que tuvieron lugar allí el año siguiente a la inauguración, en 1974. De hecho, la aparente buena acogida por parte de los seguidores de las carreras hizo plantear a los dueños una posible extensión del circuito, pero las trabas burocráticas sumadas a la acción de los vecinos, hizo que se reculara en ese proyecto de crecimiento.

No contentos con eso, el pueblo quería que se cerrara el “indeseado” circuito. Llenos de ira por no tener respuesta a sus deseos y no haber sido escuchados en primer momento sobre su oposición a la construcción del circuito. Un 18 de agosto de 1977, entraron en la localización con un bulldozer destruyendo a diestro y siniestro las infraestructura, arando hasta 500 metros de la carretera.

La actividad del circuito se paralizó desde ese día hasta que, tres años más tarde, en 1980, la pista fue asfaltada de nuevo. Los problemas regresaron de nuevo para el circuito, el pueblo lo quería cerrado y la falta de apoyo de las instituciones de la zona, que escuchaban a la ciudadanía, hicieron que el circuito se cerrara sin que nadie de los alrededores derramara ni una lágrima.

Aunque no llegó a acoger ninguna gran prueba internacional, la construcción del circuito era buena. Prueba de ello es que, años más tarde, el gigante editorial italiano Quattroroute abrió su propia pista a media hora de su sede en Milán, el Autódromo de Vairano.

Mientras tanto, el paso del tiempo va haciendo  estragos en las ruinas del circuito de Morano que va perdiendo su color gris asfalto que va siendo colonizado por la voraz naturaleza. Tan solo queda para el recuerdo las imágenes que se puedan tomar antes de que desaparezca por completo, ejemplo de que si el pueblo dice que no, es no.

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Imágenes: I luoghi dell’abbandono

Fuente: Motor.es

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