Fiat Chrysler Atomobiles estaba llegando a un tentativo compromiso con el Grupo Renault la pasada semana. Una alianza de matrimonio se estaba gestando, pero antes necesitaban del consentimiento del patrón de la firma del rombo, Francia. Un 15% de la casa de Boulogne-Billancourtes pertenece al Estado, y si FCA y Renault querían estar unidos, había que acatar ciertas normas.

El miércoles por la noche, en París, los miembros de la junta directiva de Renault se reunían para considerar la oferta: 35.000 millones de dólares para bendecir la unión, algo más de 31.000 millones de euros al cambio. Parecía que el presidente de la casa francesa, Jean-Dominique Senard, el alto mando de FCA, John Elkann, y los representantes del gobierno francés encabezados por el ministro de finanzas, Bruno Le Maire, habían resuelto sus diferencias.

Sin embargo, el gobierno habría pedido más en la búsqueda de proteger a su criatura, como buen padre haría. Más influencia sobre la compañía fusionada, garantías laborales más firmes y mejores términos para los accionistas fueron algunas de sus peticiones. FCA, por su parte, quería defender la valoración asignada a su empresa y los posibles ahorros de costos. Los representantes de Nissan se abstuvieron, a pesar de la insistencia del gobierno francés para respaldar el acuerdo.

La junta “no pudo tomar una decisión debido a la solicitud expresada por los representantes del estado francés para posponer la votación a una reunión posterior”, dijo Renault en un comunicado. En las palabras de FCA, “Ha quedado claro que las condiciones políticas necesarias en Francia no existen actualmente para que tal combinación se desarrolle con éxito”, agregando que sigue convencida de que el plan era convincente y cuidadosamente equilibrado.

“Nissan necesita estar en la alianza”, dijo una fuente de FCA a Reuters poco antes de romper el acuerdo

Le Maire ha comunicado que el gobierno francés solo cumplió con tres de sus cuatro condiciones, al no haber logrado el apoyo de Nissan. Dijo que el estado francés se había involucrado constructivamente con todos los socios en las negociaciones. A comienzos de esta semana, el CEO de la marca japonesa, Hiroto Sikawa, manifestó que, de ejecutarse la fusión propuesta, “requeriría una revisión de la relación existente entre Renault y Nissan”.

Tras haber tanteado primero con PSA sin mucho éxito, Elkann optó por el camino más arriesgado, y procedió con una oferta de iguales hacia Renault a pesar de las complicaciones motivadas por el gobierno y su tensa relación con Nissan. La decisión de FCA de alejarse ante la negociación frustrada de firmar los bienes gananciales ha sido una derrota para Renault, quien ha invertido mucho tiempo en intentas que las cosas saliesen bien.

Las dos compañías dijeron a los inversores que una fusión reduciría los costos operativos y las inversiones en 5 mil millones de euros o más al año. FCA lograría tener acceso a la tecnología eléctrica de Renault para cumplir con los mandatos de los coches de cero emisiones, y Renault habría tenido una parte de las lucrativas franquicias del grupo italoamericano.

No está claro qué harán las dos a continuación para abordar los costos de los cambios tecnológicos y regulatorios. FCA dijo que “continuará cumpliendo con sus compromisos a través de la implementación de su estrategia independiente”. En cualquier caso, desde FCA han trasladado su agradecimiento al Grupo Renault y a su presidente en particular, así como a Nissan y Mitsubishi, “por su compromiso constructivo en todos los aspectos”.

Fuente: Autoblog

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