Al genial automovilista Juan Manuel Fangio se le acabaron encasillando dos apodos que resumen a la perfección su vida. Uno de ellos era El Chueco, apodo que hace referencia  a su habilidad con el balón a la hora de meter goles imposibles en aquellos partidos improvisados que disputaba con amigos.
Y el otro, es El Maestro. Nada que objetar.

El piloto argentino, uno de los mejores de la historia, consiguió un hito histórico como es vencer cinco títulos mundiales de Fórmula 1. En concreto los de los años 1951,1954,1955,1956 y el de 1957.

Fue un año después de ganar el último campeonato (1958), cuando en el Gran Premio de Cuba, le llegaría uno de los grandes sustos no solo de su carrera como de su vida. Estamos hablando de cuando las fuerzas revolucionarias cubanas le secuestraron.

En 1952, el militar Fulgencio Batista, propició un golpe de estado que dio lugar a una dictadura que inmediatamente generó un profundo malestar entre el pueblo cubano. Paralelamente, las fuerzas revolucionarias orquestadas por Fidel Castro, su hermano Raúl y el Che Guevara, organizaban a la resistencia mediante ataques a mano armada y operaciones de boicot al gobierno de Batista con el fin de debilitar al régimen.

Fulgencio Batista

Una de estas operaciones, tuvo como objetivo el Gran Premio de Cuba celebrado el día 24 de febrero de 1958 en La Habana. El día anterior, Fangio, que se encontraba hospedado en el Hotel Lincoln, descansaba antes de subirse a su Maserati 250F para competir en el circuito dispuesto en el encantador paseo marítimo del Malecón. Fue justamente, cuando el piloto argentino se disponía a cenar en el restaurante del hotel, cuando un miembro de las fuerzas revolucionarias le espetó aquello de “Disculpe Juan, me va a tener que acompañar”Palabras que iban acompañadas de una pistola que apuntaba directamente al argentino.

Maserati 250F

De forma tranquila, Fangio acompañó a su secuestrador al vehículo que se encontraba en la puerta del hotel, y se fue. El secuestrador en cuestión, de nombre Arnold Rodríguez Camps, acabó explicando años después que la Operación Fangio tenía como objetivo llevar a los titulares de los periódicos de medio mundo la inestabilidad del país y el ridículo de Batista ante su intento de abrir internacionalmente a Cuba.

Cabe señalar, que el aviso a las autoridades llegó con bastante retraso, motivo por el cual surge el rumor de la complicidad de los trabajadores del hotel con la causa revolucionaria.

En cuanto a la relación entre Fangio y secuestradores, parece que se dio el síndrome de Estocolmo. Fue tal el grado de complicidad que el propio piloto argentino recuerda la anécdota como una velada de risas entre amigos. Una surrealista amistad que continuaría hasta la muerte del argentino. Pero la cosa no acaba ahí, Fangio se mostró en eterna deuda con sus sescuestradores quienes literalmente pudieron haberle salvado la vida.

A pesar de la ausencia de la estrella de la competición, se decidió continuar con total normalidad con la celebración del Gran Premio. Habiendo ganado Fangio la anterior edición, esta vez el británico Stirling Moss fue el laureado en una carrera trágica.

Siete muertos y cuarenta heridos fue el terrible saldo que dejó aquel día de carreras. Al parecer, una mancha de aceite en la calzada provocó que el piloto cubano Armando García Cifuentes se estrellase contra el público que se encontraba a pie de pista sin ningún tipo de protección. Este extraño suceso no tardó en difundir el rumor de que había sido una acción también orquestada por los revolucionarios.

Lo que sabemos a ciencia cierta, es que Fangio se mostraba los días previos a la carrera bastante escéptico con las condiciones de su coche y la pista.

La liberación de Fangio se realizó unas 24 horas después de ese fatídico día. Así, los secuestradores se pusieron en contacto con la embajada argentina para negociar al detalle los términos de la entrega. Finalmente acordaron, que sería el propio embajador, quien se acercaría solo a un bloque de pisos en el centro de la ciudad. Allí se acercarían posteriormente Fangio con sus secuestradores sin el más mínimo inconveniente.

“Siempre tienes que aspirar a ser el mejor. Pero nunca pensar que ya lo eres”

A pesar de que Fangio podía delatar a las autoridades la identidad de sus secuestradores, nunca lo hizo. Es más, por ambas partes siempre hubo la intención de mantener aquella espontánea y extraña amistad.

En cuanto a las intenciones de los revolucionarios, estas llegaron a su resultado poco tiempo después en el año 1959. Cayó el régimen de Batista, quien pasaría sus últimos días en Marbella, y se instauraba el nuevo régimen de Castro.

Fuente: BBC News

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