Škoda pasó a formar parte del Grupo Volkwagen en 1994 y desde entonces, jamás ha tenido la oportunidad de construir un coupé de dos puertas. Lo más cerca que estuvo el fabricante checo de hacerlo fue en 2002, cuando presentó al mundo el Škoda Tudor Concept en el Salón del Automóvil de Ginebra. Fue un ejercicio de diseño que imaginó cómo sería un coupé de cuatro plazas basado en el Škoda Superb lanzado un año antes.

Tras su estreno mundial en la cita suiza, el Škoda Tudor Concept se integró en el Museo Škoda de Mladá Boleslav, República Checa. A momento presente, se puede admirar en este bello lugar lleno de historia, pero no siempre fue así y, por poco, habría perecido para siempre en el olvido. Durante una exposición en la India, el coche se perdió después del evento en “circunstancias bastante dramáticas”.

Una forma bastante formal por parte de la compañía para decir que alguien robó el coche. Tras una búsqueda intensiva por parte de las autoridades, el Škoda Tudor Concept fue recuperado en una estación de tren varios meses después (la empresa no ha dicho cuántos en concreto). Pero, mirando el lado bueno de las cosas, robar este prototipo fue, quizá, el mejor cumplido que le podrían haber hecho al equipo que diseñó el coche.

La historia del Škoda Tudor Concept resulta interesante. Llamado así por el Tudor 1101 de 1948, Este vehículo conceptual no cobró vida porque a Škoda le interesara construir un gran coupé de dos puertas. Lo hizo, porque el entonces director de desarrollo tecnológico de la marca, Wilfred Bockelmann, quería desafiar a los diseñadores de la marca para ver qué eran capaces de hacer con sus manos sobre una hoja en blanco y la berlina Superb como base.

El Škoda Tudor Concept pretendía adelantar los rasgos que la próxima generación del Octavia, que llegaría en 2003

Los diseñadores superaron las expectativas y crearon proyectos tan variopintos como un Fabia pick-up (¿el Felicia Fun del s. XXI?) o un Superb con carrocería familiar (que acabaría llegando en la segunda generación). Pero, sin duda, el concept car más arrebatador fue el Tudor. Diseñado por Zdeněk Cibulka bajo la supervisión del jefe de diseño Thomas Ingenlath, el Škoda Tudor Concept comenzó su gestación como un modelo a escala 1:4.

Cibulka recibió luz verde para desarrollar el coche hasta convertirlo en coche completamente real y funcional. Inicialmente, el coche tenía una delantera y trasera distintas, pero luego se tomó la decisión de asemejarlo a coche de producción; en este caso, el Superb. Cibulka integró el frontal del sedán en el diseño original sin cambios drásticos, al igual que la zaga. Aunque en este último punto se fabricaron unos pilotos completamente nuevos.

 

El Škoda Tudor Concept fue el primer coche de la marca en ofrecer luces traseras en forma de “C”, ahora una firma característica en todos los coches de la gama. De hecho, fue el Octavia de segunda generación el primero en equiparlas. Otro elemento clave en el diseño fue la suave caída del techo, proporcionando tres volúmenes muy bien diferenciados. Pasos de ruedas marcados y líneas que destilan sencillez y armonía, sin florituras innecesarias.

El resultado fue un coupé bien proporcionado que rezumaba una elegancia atemporal. Incluso, tras 17 años desde que fuese presentado, se continúa viendo bien. El interior se trasladó del Superb, aunque no como un copia-pega. Se integraron materiales de ónix y marfil de primera calidad, así como un volante de tres radios y una tira horizontal en aluminio mate cruzando el salpicadero. Una pantalla se ocupaba del sistema de navegación, otra para los ajustes del climatizador, y una tercera que hacía de ordenador de a bordo entre los diales.

En cuanto al apartado técnico, las suspensiones se habían rebajado y el chasis reforzado para incrementar la dinámica de conducción frente al Škoda Superb. Bajo el capó, el motor más potente que había en la gama por entonces. Un propulsor V6 de 2.771 cm3 y 190 CV, suficiente para cubrir los 100 km/h desde parado en torno a los ocho segundos y alcanzar los 237 km/h de velocidad máxima. La potencia se entregaba a las ruedas delanteras a través de una caja de cambios manual de cinco velocidades.

¿No sería fantástico que Škoda se atreviera a lanzar un coupé con la actual plataforma del Superb o el Octavia?

Fuente: Carscoops

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