El gobierno finlandés ha anunciado que está considerando prohibir -no sólo dejar de usar- el uso del carbón para la producción de energía para 2030. Finlandia se convertiría así en el primer país del mundo en parar el uso del carbón como fuente de energía. Otros países ya están estudiando cerrar sus plantas de carbón así como el consumo en los próximos años. ¿Cómo reaccionará el lobby energético? A Rusia seguro que no le va a gustar…

Según informa el diario Helsinki Times, el Ministro de Economía Olli Rehn ha comparado esta decisión histórica al derecho de voto de la mujer. Finlandia lleva preparándose desde 2011 para abandonar el uso de este combustible fósil: en 2013 lograron duplicar la capacidad de la energía eólica además de realizar una fuerte inversión en renovables.

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Por su parte, la compañía Finnish Energy (ET), ha tachado la decisión de “inexplicable”. Y ha añadido: “Un esfuerzo como éste no tendrá éxito sin ofrecer una compensación sustancial a los productores de energía” y que una prohibición legal sólo dañaría el actual sistema energético. Según ET (no, no es el extraterrestre), el carbón supuso aproximadamente el 8% de la electricidad producida en Finlandia en 2015. Esta cifra resulta tan reducida debido a la bajada en 2015 del consumo y las exportaciones del carbón, haciendo que el precio de la energía renovable cayera hasta en un 50% mientras que el carbón se colocaba por encima. Debido a ello, las centrales eléctricas de carbón han ido cerrando.

El Washington Post explica en esta infografía de manera clara la disyuntiva en la que nos encontramos: queremos dejar de usar combustibles fósiles y expandir el uso, en cuanto a movilidad por ejemplo, de la electricidad. Pero para producir electricidad necesitamos el uso de combustibles fósiles. Un bucle cuyo principal damnificado en el aire que respiramos.

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La producción total del carbón a nivel mundial corresponde a China, con un 46%; le sigue Estados Unidos con un 11%. Según el Washington Post, a nivel global el carbón representa el 40% de las energías que usamos, el gas natural el 22,5%, el 5% el petróleo, el 10,9% la nuclear y el 21% las renovables. Con un escenario así parece impensable que lleguemos a prescindir del carbón, más aún ahora que Trump va a estar al frente de la presidencia del segundo país más contaminante del mundo (ya ha nombrado secretario de estado al ejecutivo petrolero Rex Tillerson, amigo de Putin).

Otros países ya han anunciado planes similares

Dos años antes de que Reino Unido planee parar de quemar este fósil, Francia busca cerrar todas sus plantas para 2023. Por su parte Canadá, en concreto Ontario, quiere terminar con el uso del carbón para 2030 siempre y cuando sus provincias reduzcan sus emisiones. Austria, Holanda y el estado de Oregón también de han sumado a estos planes.

En España la situación se revierte. Tal y como informa El País, “la quema de carbón para generar electricidad creció un 23% en 2015“. El carbón fue la segunda fuente más empleada en 2015, solo por detrás de la energía nuclear (21,9%).

Sin embargo, Finlandia se convertiría en el único país en prohibirlo. Por el momento habrá que esperar a que la ley sea enviada al Parlamento para su aprobación. Los grupos de presión estarán invitados a acudir a las reuniones previas para “aconsejar” y asegurarse de que se toman las decisiones acertadas… seguro.

En el área que nos compete, los automóviles continúan jugando un papel crucial en el aumento del calentamiento global, y la alternativa sostenible de los vehículos eléctricos no garantiza que se vaya a revertir el grave problema de contaminación que padece la Tierra, además de la agresiva manera en la que se extrae el litio. Para que el parque móvil de coches eléctricos aumente, primero tendremos que generar suficiente electricidad para abastecer puntos de recarga que los hagan funcionar.

Y si queremos electricidad, necesitamos carbón. ¿Cuál es la solución?

Fuentes: New Scientist, Helsinki Times, Xataca.

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