Albert Kahn fue el arquitecto industrial más conocido del comienzo del siglo XX. El trabajo de este alemán se desarrolló principalmente en Estados Unidos, donde lo conocían como “el arquitecto de Detroit”, ya que implementó buena parte de sus ideas racionalistas en fábricas como la de Packard o el complejo de Ford en Dearborn en 1917, el complejo industrial más grande del país en ese momento.

A grandes rasgos, su éxito radicó en utilizar el hormigón armado en lugar de realizar las tradicionales paredes de ladrillo con tejados y apoyos de madera. Esto conseguía unos interiores más amplios y mayor protección para los incendios.

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Uno de sus obras más impactantes en el apartado estético fue el Ford Rotunda, que diseñó para la Feria Mundial de Chicago de 1933/34 bajo la supervisión de un joven Edsel Ford. El lema de la exposición del Siglo de Progreso, fue visitada por más de 40 millones de personas.

Construida con un armazón de acero, sobre el que se colocó posteriormente piedra caliza de Indiana, el resultado era sorprendente. Parecían engranajes colocados uno sobre otro, de menor tamaño a medida que iba ascendiendo. Y era alto, como un edificio de 10 pisos, de nada menos que 64 metros de alto, con un patio central de 28 metros de diámetro y un par de edificios unidos a la sección central.

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Cuando terminó la Feria, el Rotunda se desmontó para trasladarlo a Dearborn y se montó frente a las oficinas centrales de Ford. Tardaron 18 meses en montarla de nuevo y se inauguró el 14 de mayo de 1936. Era la atracción principal del complejo y se convirtió en una especie de muestrario de todo lo que podía hacer la marca. Para que te hagas una ida, fue el quinto destino turístico más popular de los Estados Unidos durante la década de 1950. Tenía más visitantes que Yellowstone, Mount Vernon, el Monumento a Washington o la Estatua de la Libertad.

En 1952 el edificio fue remodelado. La sección central del patio fue coronada con una bóveda que superaba las 8 toneladas. El 16 de junio de 1953 la reforma estaba concluida, a tiempo  para celebrar los 50 años de la compañía fundada por Henry Ford. En la cumbre de la Rotunda colocaron 50 velas de cumpleaños, que le daban un aspecto de “pastel art decó”, según cuentan las crónicas.

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Convertido en un icono de la marca de los años 50, Ford aprovechó la popularidad de la Rotunda para presentar nuevos modelos y como para fotografiarlos. Pero mientras se trabajaba en la exposición de Navidad de 1962, ocurrió la tragedia.

Poco después de la 1 de la tarde del viernes 9 de noviembre de 1962, un empleado vió humo y llamas cerca del techo. Se estaba reparando la cubierta con un sellador, para impermeabilizarla, pero los vapores encendieron un calentador de propano situado cerca del techo. En cuanto ardió el sellador, el fuego se propagó rápidadmente y en pocos minutos ardió toda la estructura del techo.

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Por suerte la Rotunda fue evacuada a tiempo y no hubo daños personales (más allá de un intoxicado por humo). Pero el edificio era insalvable. A pesar de que los bomberos acudieron muy pronto, el techo se derrumbó incluso antes, y las paredes justo a continuación. Las llamas se elevaban 15 metros sobre el edificio y el humo era visible a cientos de kilómetros de distancia. En menos de una hora, apenas quedaba el armazón del edificio.

Se ponía así punto y final a uno de los edificios más famosos y emblemáticos de la América de los 50, por el que pasaron más de 18 millones de personas mientras estuvo abierto en Dearborn. Vio cómo se presentaban el Lincoln Continental, el Ford Thunderbird, o el Edsel. El terreno donde se encontraba estuvo décadas vacíom hasta que en noviembre de 2000 se estableció allí el M-TEC (Centro de Educación Técnica de Michigan). Lo que no cambió fue el nombre de la calle, Rotunda Drive, que se ha mantenido como recuerdo.

Fuente: Wikipedia

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