Henry Ford nació un 30 de julio de 1863. Al abrir sus ojos observó cómo su vida comenzaba en una pequeña granja, dentro de un pueblo rural que se situaba al oeste de Detroit. Nació en el seno de una familia humilde y numerosa. Fue gracias a las actividades agrícolas de su familia que tomó la decisión de enamorarse del motor. Y es que con apenas 10 años, se quedó completamente fascinado al ver una máquina autopropulsada para las actividades agrícolas.  Será su creador, Fred Reden, quien enseñará a Ford los mecanismos de dicho motor. Entonces, Henry, observará y sentirá que su mundo y su futuro estaba ligado, por instinto, a los entresijos del motor.

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Fuente: elEconomistaAmérica.com

En 1879 dejará su casa y su familia para comenzar a trabajar como aprendiz de maquinista. Y así lo conseguirá en varias empresas tales como James F. Flower & Bros. o Detroit Dry Dock Co. Tres años más tarde retrocederá en el tiempo para regresar a su hogar. Entonces, para no olvidarse de lo esencialmente importante para él, se hará cargo del manejo y perfeccionamiento de la máquina de vapor portátil Westinghouse. Consiguió hacerse un auténtico experto en su manejo y esto le produjo la gran hazaña de ser contratado por la propia compañía. Sabían que su saber hacer era realmente interesante y que no debían desperdiciarlo.

El ascenso de Henry Ford

En 1891, tras un nuevo puesto de trabajo en la compañía Edison (como ingeniero), comenzará a escalar posiciones profesionalmente hasta alcanzar los ahorros necesarios para centrarse en sus verdaderos sueños. Él necesitaba crear. Así lo hizo. Sus experimentos con motores de gasolina crearon un vehículo. Cuadriciclo. Y funcionaba. Ford tomó la decisión de mejorar y mejorar hasta la saciedad.

1909 Ford Model T Fuente: Conceptcarz.com
1909 Ford Model T Fuente: Conceptcarz.com

Con su proyecto bajo el brazo, Henry Ford decidió formar parte de Edison Illuminating en 1899. De ahí surgiría la iniciativa de crear, junto a otros inversores, la Detroit Automobile Company. Todos tenían sus esperanzas puestas en dicha empresa. Creían que alcanzarían grandes resultados. Pero se equivocaron. No contaron con la excesiva pasión de Ford por la perfección. Y la bancarrota les visitó antes de lo esperado. No era de extrañar. Henry olvidó el hecho de cubrir las necesidades de ventas para centrar su atención en mejorar los prototipos diseñados. O incluso en enfrentarse a otras compañías para mostrarle que sus diseños eran superiores.

Henry olvidó el hecho de cubrir las necesidades de ventas para centrar su atención en mejorar los prototipos diseñados

Así que tras la desaparición de su primera empresa llegó el momento de llenar el vacío de su necesidad de montar una empresa relacionada con los coches de carreras. Llegó Henry Ford Company. Lo más chocante no era su locura desbordante, sino que diseñaba y conducía sus diseños. De esta forma consiguió una de las victorias de los primeros comienzos. Victoria con él al volante, frente a Alexander Winton. En 1901.

Un año más tarde, seguía empecinado en reconstruir su coche de carreras. Pero se topó con don dinero. Los inversores no estaban dispuestos a perder dinero. Su objetivo era la venta de modelos. Ford no estaba de acuerdo. No le hicieron caso. En contraposición, contrataron a Henry M. Leland. El gran genio se enfadó y renunció. En el mismo instante en el que salió por la puerta se juró a sí mismo que no trabajaría a expensas de nadie más. Los genios, genios son.

Ford Motor Company

No es necesario confirmar lo que todos ya sabemos. A la tercera va la vencida. La tercera fue Ford Motor Company. El tercer proyecto empresarial de Henry Ford. Se creó en 1903 y a pesar de lo que en principio se prometió de no necesitar a nadie más, tuvo que acudir a la ayuda de 11 inversores. Todos juntos consiguieron una inversión inicial muy interesante: 28.000 $. Una inversión que no desperdiciaron porque en uno de los nuevos diseños de Ford, encontraron el mejor marketing posible de promoción. Una exhibición en la que el modelo cruzó una milla de un lago helado en 39,4 segundos les hizo batir el récord de velocidad en tierra. De ahí, llegaría el interés de un piloto. Barney Oldfield. Éste viajó por todo el país dejando el alto la marca Ford.

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El piloto Barney Oldfield viajó por todo el país dejando el alto la marca Ford. Fuente: Alchetron

Pero Henry Ford no sólo fue especial por su ímpetu a la hora de conseguir sus sueños. Su capacidad para llamar la atención de los mejores ingenieros también merece un pequeño análisis aparte.
Un buen día, de 1914, se despertó con una idea revoloteando por su cabeza. De alguna forma, los mejores trabajadores debían acudir a su planta. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué técnica podía llamar su atención? La clave, el sueldo. Henry llegó a su empresa y anunció a sus trabajadores que cobrarían 5 dólares al día. ¿Una nimiedad? En la actualidad sí, pero entonces ese sueldo era más del doble del que se pagaba en otras empresas. Resultó.

Ford se sintió más que satisfecho al ver cómo su iniciativa provocaba el interés esperado. Los mecánicos de Detroit empezaron a cambiarse a su empresa. Con los nuevos empleados, incrementó la productividad. Y lo que era mejor, la formación centrada en los nuevos empleados, ya no era necesario. Venían con conocimientos suficientes. Algo más que necesario para que su Modelo T continuase por el camino adecuado.

Ford Model T de 1914.
Ford Model T de 1914.

Ahora reculemos unos años atrás. 1908. ¿Por qué? Porque es la fecha elegida para la aparición de Ford T. Exactamente el 1 de octubre de dicho año. Llegó con variaciones muy interesantes, como el volante a la izquierda (sería copiado por el resto), motor y transmisión cerrados, cuatro cilindros encajados, etc.

Seguramente lo que más llamó la atención de este primer modelo fue que su precio era realmente barato. Además de que sus reparaciones no tenían complicación alguna. Aunque seguramente la primera característica era la más interesante para el público en general. Su coste, 825 $. Para 1920 la mayoría de los conductores no encontraban secretos para conducir un T.

Ford Model T de 1915.
Ford Model T de 1915.

El éxito de Ford fue apostar por esa clase media y en ocasiones tirando a baja que no podía permitirse el gasto innecesario de un automóvil que dejara a su familia en la ruina. Su proyecto tenía como base la fabricación de coches sencillos. Una sencillez que repercutiría en un precio final asequible. De un coste prohibitivo, los estadounidenses pudieron comenzar a moverse por las ciudades con un modelo ideal para conducir.

Henry Ford apostó por lo que nadie era capaz de hacer. Apostó por las familias de clase media. Introdujo el automóvil a su alcance. Y provocó el consumo en masa. Y los ingresos no se hicieron esperar. El genio vio en la gente de a pie, el mejor mercado posible. Sus antiguos inversores, los que lo desecharon, comenzaron a tirarse de los pelos.

Henry Ford apostó por lo que nadie era capaz de hacer. Apostó por las familias de clase media. Introdujo el automóvil a su alcance. Y provocó el consumo en masa.

Aparte, también tuvo ojo para saber publicitarse adecuadamente. Ni un solo día no aparecía un periódico sin su marca expuesta. Además de expandir su empresa con concesionarios locales. Todo ello provocó unas ventas inimaginables. Los datos iban creciendo año tras años.  Esto podía haber tenido la consecuencia negativa del estancamiento personal de Ford. Es decir, ya tengo todo. Ahora me centro en vender este mismo producto sin realizar mejoras de ningún tipo. Pero Ford no era así. Su modelo seguía mejorando y la calidad laboral para sus empleados también. Una de sus adquisiciones, las cintas de embalaje.

Hacia la mitad de 1918, el 50% de los automóviles que se movían por las carreteras y ciudades eran un Ford T.

1928_model_a_fordFord Model A 1927-1931 Funte: Wikimedia

Henry Ford siguió trabajando al frente de la compañía hasta 1938, cuando sufre un ataque y cede la presidencia a Edsel Ford. No fue un  gran acierto ya que 5 años más tarde, éste fallecerá y Henry tendrá que salir de su aislamiento para finalmente, conceder la presidencia de la compañía a su nieto, Henry Ford II. 1945.

Dos años más tarde, fallecerá. Con 83 años. Con la tranquilidad suficiente de saber que cada uno de sus objetivos habían sido cumplidos. Consciente de que su sueño, había sido real. Seguro de haber aportado al mundo un punto de vista diferente sobre la producción del automóvil. Y dejando como herencia una compañía que sigue en pie: Ford.

Podéis encontrar más imágenes sobre los diseños de Henry Ford aquí.

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