En la actualidad, todos los fabricantes de coches eléctricos tienen por objetivo mejorar la calidad y la rentabilidad de las baterías de ion-litio, para así poder crear coches más económicos y con mayor autonomía.  Pero lo cierto es que este tipo de batería no es la única opción, y los científicos de BASF parecen haber dado con la clave.

Esta empresa alemana está apostando por un tipo de batería que cuenta con una larga trayectoria, el hidruro de niquel-metal, el uso de este tipo de material no es nuevo, pues ya es usado en la construcción de los motores híbridos, pero los científicos del BASF han conseguido duplicar su potencial de almacenamiento, alcanzando así a las baterías de ion-litio. Aunque, esta no es la meta final, los expertos tienen por objetivo aumentar hasta ocho veces más su capacidad.

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A pesar de que el ion-litio presenta una serie de atributos con los que parece difícil competir, como por ejemplo, su  carácter compacto y ligereza, las baterías de hidruro de niquel-metal ofrecen otras virtudes que las han convertido en el elemento clave en los coches híbridos. Estas baterías se caracterizan por ser duraderas y más seguras, pues al no contener líquidos inflamables no se incendian cuando se recalienten o sobrecargan, característica que también permite reducir costes en materia de sistemas de refrigeración y controles eléctricos.

Además, los científicos del BASF han conseguido eliminar algunos de sus contras a través de la modificación de la microestructura, reduciendo así su peso y aumentando su duración, permitiendo el almacenamiento de 140 vatios-hora por kilogramo. Una cifra muy positiva teniendo en cuenta que un reciente estudio ha demostrado que la capacidad de almacenamiento de las baterías de ion-litio para coches eléctricos, es de tan solo de 60 a 120 vatios hora por kilogramo.

BMW i3 motor

Ante todos estos avances, los científicos de BASF han fijado su próximo objetivo en conseguir modificar los materiales utilizados hoy en día para poder aumentar la capacidad de almacenamiento de energía y soporten mayores tensiones.

De cumplirse los deseos de estos expertos, el coche eléctrico está más cerca de ser económica y funcionalmente viable, ya que desaparecerían algunos de los lastres con los que siempre ha contado: el alto precio de las baterías y su poca autonomía. No es la primera vez que se echa la vista al pasado para hacer frente a los retos de la movilidad eléctrica, pues en la Universidad de Stantford también estudian la posibilidad de actualizar la batería que inventó Tomas Edison en 1901 para emplearla en los actuales coches eléctricos.

Fuente: BASF

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