La Administración Nacional de Seguridad en Carreteras de Estados Unidos (NHTSA, en inglés), en respuesta a una carta emitida por Google, ha declarado a la Inteligencia Artificial que pilota los vehículos autónomos como “conductores humanos”. Esto supone un gran avance en la comercialización de coches sin volante ni pedales ya que, anteriormente, los esfuerzos de Google por producir un automóvil de estas características se habían visto frustrados por las regulaciones de California, que estipulan que un conductor debe encontrarse al volante en caso de emergencia.

La agencia federal ha comunicado a Chris Urmson, director del proyecto del coche autónomo de Google, la anulación de dicha regulación en la que le expresa que “si ningún ocupante humano del vehículo puede conducirlo, es más razonable identificar como conductor aquello que sea (en lugar de quién sea) lo que esté ocupándose de la conducción”.

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La NHTSA, que está de acuerdo con Google en que sus coches no dispondrán de un conductor en el sentido clásico vigente durante los últimos 100 años, quiere proporcionar cuanto antes un marco para que los estados regulen los vehículos autónomos. Asimismo, intentará publicar en los próximos seis meses una guía de recomendaciones aunque esto no significa que la agencia se olvide de los retos de seguridad que conlleva poner en marcha en carretera a dichos automóviles.

De hecho, aún queda un largo trecho hasta conseguir el objetivo de la conducción autónoma: reducir la siniestralidad a cero. Y más cuando hace cuestión de un mes el coche de Google sufrió el primer accidente provocado por su culpa. A pesar de ello, Bryan Reimer, investigador científico del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), afirma que “la mayor parte de la industria automovilística, y Google, siguen tratando la tecnología como un problema. Pero si quieres llevar una innovación al mercado, lo difícil es lo más impredecible, nosotros”.

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Y es que, como demuestran las investigaciones de Reimer, el reto más problemático será el de gestionar el comportamiento humano al volante de un coche autónomo. El científico ha comprobado que los conductores rinden bastante mal a la hora de monotorizar sistemas automatizados, por lo que pocas veces son capaces de volver a sumir el control con rapidez.

Los principales fabricantes de automóviles y empresas de tecnología se quejan de que las normas de seguridad estatales y federales impiden la realización de pruebas y el eventual despliegue en carretera de estos coches. Al legalizar la inteligencia artificial como conductor se estaría despejando el camino para que la industria diseñe sistemas en los coches que comuniquen directamente con el piloto automático. ¡Un gran avance para la humanidad artificial!

Vía: MIT

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