Si hay un modelo de referencia en el mundo de los Gran Turimo (deportivos para viajar) en los años 60 del siglo pasado ese es el Ferrari  250 GT. Pues bien, el Maserati Sebring fue gestado para competir la icónica serie Ferrari 250 GT como el coche italiano de referencia para los amantes de los automóviles (pudientes, claro, de Europa y sobre todo de Estados Unidos).

El Maserati Sebring fue mostrado por primera vez al público en 1962 en el Salón de Ginebra. Llegaba para reemplazar al Maserati 3500 GT, construido desde 1957 y del que tomaba buena parte de sus elementos técnicos. Su nombre le llegó tras la famosa victoria de la compañía en 1957 en las 12 Horas de Sebring.

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Fundada por los hermanos Maserati en 1914, es uno de los fabricantes más longevos de Italia y una de las marcas más respetadas, pero es justo reconocer que los años 60 no eran un buen momento para la compañía. No se contaba con muchos recursos en caja y fue entonces cuando se decidió dar un volantazo en la política empresarial. De los coches de competición se pasaría a producir vehículos de calle con la esperanza de generar más ingresos. El Maserati Sebring era la pieza angular de este plan.

En origen el Maserati Sebring  contaba con el motor de seis cilindros en línea y 3,5 litros del cubicaje de 220 CV con el que era capaz de alcanzar los 200 km/h y llegar a los 100 km/h desde parado en 8,5 segundos. Era un bloque derivado del 350S, un coche de carreras diseñado por Alfieri en 1956. Fue pionero en los coche italianos en incorporar la transmisión automática de Borg-Warner (era opcional, como el aire acondicionado y un diferencial de deslizamiento limitado). A lo largo de su producción se aumentó su capacidad hasta los 3.694 cc y 245 CV (ya en 1964), pero fueron muy pocas de las 348 unidades que se produjeron en total del Sebring Serie I, entre 1962 y 1965.

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Llegaba entonces el protagonista de este artículo, el Maserati Sebring Serie II. Ligeramente rediseñado, se fabricaron 243 unidades. Los primeros años montaba el motor de 3.7 litros y 245 CV con inyección de combustible, si bien al final de la producción, ya en 1969, algunos montaron uno con 4.0 litros de capacidad. También se mejoraba la caja de cambios manual de cinco velocidades que gestionaba el envío de la potencia a las ruedas traseras, y contaba con frenos de disco en las cuatro ruedas.

El Sebring utilizaba una suspensión relativamente común, delantera independiente con brazos oscilantes y muelles helicoidales, con un eje rígido de resorte semi-elíptica más tradicional en la parte trasera. La carrocería era obra de Vignale, realizada sobre el chasis tubular del 3500 GT (también él había creado la carrocería descapotable de este último, mientras que la versión coupé fue obra de Touring).

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Una de esas 243 unidades, con número de chasis 567, salía de fábrica en 1967 y desde entonces solamente ha tenido tres propietarios, todos en la ciudad suiza de Ginebra. Acabado en plata, con el motor de 3.7 litros y sin restaurar, este Maserati Sebring Serie II se vendió a principios de este año. Esperaban alcanzar en la subasta entre 120.000 y 180.000 euros, pero acabó vendiéndose por 230.000 euros. Desde luego, muy lejos de los estratosféricos precios que alcanzan los GT de Ferrari de la época… y eso que estamos ante uno de los coupés 2+2 italianos de los 60. El mismísimo Jeremy Clarkson lo colocaba el la posición  77 en su lista de los 100 mejores coches del Siglo XX… ¿será él quien lo haya comprado?

Fuente: Bonhams
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