El pasado mes de febrero la Unión Ciclista Internacional (UCI) encontró un motor camuflado en la tubería de una bicicleta durante el mundial de ciclocross femenino sub’23. Su dueña Van den Driessche, una chica belga de 19 años campeona de Europa de su categoría. Aunque parezca ciencia ficción el dopaje tecnológico ha llegado al ciclismo, y aunque ya se denunciara en 2010 no fue hasta el mes pasado cuando se convirtió en una realidad. Este tipo de dopaje significa aumentar entre 100 y 150 vatios más la potencia. Un extra suficiente para, en según qué pruebas, otorgar la gloria al tramposo.

Durante seis años, la UCI no ha parado de investigar entre los profesionales sobre la posibilidad de que algunos de ellos utilizasen motores eléctricos camuflados en el cuadro o en el eje pedalier para aportar una potencia extra suficiente para marcar la diferencia. Por utilizar este tipo de dopaje el reglamento contempla sanciones de hasta seis meses de suspensión y multas que llegan a los 900.000 euros para el equipo. Incluso algunos indignados piden la sanción de por vida para practicar este deporte.

¿Cómo funcionan estos motores?

Este tipo de motor del que  la UCI está investigando, bajo sumo secreto y del que todavía no ha mostrado foto alguna,  sería algo que podría ir instalado en el eje de pedalier. Ahí estaría el engranaje y su batería iría por el tubo del cuadro, posicionado de manera vertical, hacia el sillín. Pero ya hace un par de años, el ex profesional estadounidense Greg Lemond detalló en un vídeo cómo se activa uno de estos motores: tan fácil como quitarle el tapón al bidón.

“Podemos afirmar que se trata del primer incidente de dopaje mecánico del que tenemos constancia”, dijo Peter Van den Abeele, responsable de ciclocross de la UCI. La verdad que durante años la palabra dopaje ha ido acompañando al ciclismo pero parece ser que los tiempos han cambiado y en vez  de utilizar fármacos y químicos ya ha evolucionado a algo más tecnológico.

El diario francés L’Equipe mostró el trabajo de Istvan Varjas, ingeniero húngaro, que había llegado a vender algunos de sus motores por el sur de Francia y por Italia, a razón de unos 100.000 euros. Según esta información recogida en Francia, estos motores disponen de distintas medidas de potencia y de autonomía y son totalmente silenciosos e ilocalizables. O al menos así lo eran hasta ahora.

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La Gazzetta dello Sport publicó un informe sobre la nueva frontera de dopaje mecanizada: ruedas electromagnéticas. El poder magnético se convierte en algo más tranquilo y discreto aunque este método es mucho más caro y produce menos energía (sólo unos 45 vatios), pero la discreción es el objetivo final: “Un motor escondido en el tubo del sillín es lo viejo, casi artesanal. Se ha superado. La nueva frontera es mucho más tecnológicamente avanzado y diez veces más caro. Está en la rueda trasera: cuesta 200.000 euros, y hay una lista de espera de seis meses. El primer tipo utiliza un motor para girar las manivelas; la segunda es electromagnética.”

Los dos tipos de sistemas

El más sofisticado: se instala en el interior de la superficie de carbono de la rueda trasera. No tiene engranajes mecánicos. Los cables eléctricos van en los huecos del carbono. ¿Cómo se activa? De forma automática con el potenciómetro del ciclista o bien a distancia, a través de un mando remoto. Ofrece potencia extra en llano y contra reloj. Su potencia puede alcanzar los 20-60 vatios y el coste de cada rueda es de 200.000€.

El otro tipo de sistema, el detectado en Bélgica, es un motor que se inserta dentro del tubo del asiento. Es silencioso e invisible. Se activa a través de un botón en la bicicleta. Un engranaje cónico hace girar el sistema al que están unidos los pedales. Ofrece potencia extra en llano y ascensiones. La potencia que alcanza es de 50-500 vatios, una autonomía de 30 a 120 minutos y el coste es de 20.000€.

Fuente: Youtube, Fittish, Bike

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