Siete de cada diez coches nuevos son diésel, pero la diferencia de precios de algunos modelos y los precios tan inestables del gasóleo y gasolina, hacen que las cosas no estén tan claras. ¿Compensa aún el diésel? ¿Seguirá aumentando la diferencia de precios entre ambos combustibles?. Dado que las fechas son propicias para la compra de automóviles, hemos querido retomar este tema, dado que hoy en día y con las experiencias de  las últimas subidas del diésel, la pregunta vuelve a estar en el aire con un condicionante muy importante y es ¿Que pasará con el diésel?.

No obstante, los conductores lo tienen claro, o al menos hasta ahora. Según datos de la Federación de Asociaciones de Concesionarios de Automoción (Faconauto), en el año 2008 se matricularon un 72% más de coches diésel.

Sin embargo, pocos conductores podrían esperarse que en menos de un mes el gasóleo superara el precio de la gasolina y que acumulara una subida del 20,8% desde enero como ocurrió el año pasado en el mes de marzo.

En cualquier caso y siguiendo la línea del titular del artículo, no existe una regla de oro para la elección adecuada del tipo de motor. Ésta depende de varios factores y del uso que se le vaya a dar como es lógico.

Como en cualquier elección, hay que sopesar las ventajas e inconvenientes de cada modelo. Los motores de explosión de gasolina son más silenciosos y sufren menos vibraciones. Además, son más ligeros, más baratos de fabricar y las reparaciones suelen ser menos costosas. Los puntos débiles: su consumo es superior al de un motor diésel, emiten más Co2 a la atmósfera –lo que hace que el impuesto de matriculación sea mayor- y su tiempo estimado de vida y el precio de reventa son inferiores.

Los motores de combustión de diésel son más robustos y trabajan a menos revoluciones por lo que duran más kilómetros y consumen menos. También tienen su punto débil, el precio de compra, el seguro y el mantenimiento son más elevados y la falta de empuje por debajo de las 1.500 revoluciones penaliza la comodidad de su uso en ciudad.

En general, un coche diésel interesa si se van a hacer muchos kilómetros al año. ¿Pero cuántos son suficientes para amortizar la diferencia de precio? La rentabilidad del coche depende fundamentalmente de los precios del coche y del combustible que utiliza. Se puede amortizar al primer kilómetro o tardar más de 230.000.

En cualquier caso, sólo los números tienen la última palabra, así que si la diferencia entre el precio del diésel y gasolina es cada vez menor, entonces es necesario sacar la calculadora y hacer cuentas.

Se trata de una operación muy sencilla; sólo requiere de la ficha técnica del modelo y tener una calculadora a mano. Tomemos como ejemplo el Peugeot 207 1.6. El modelo de gasolina cuesta 14.350 euros y su versión diésel, 16.280 (siempre según catálogo y precios oficiales sin descuento). Es decir, 1.930 euros más.

El primero consume 6,1 litros cada 100 kilómetros, lo que supone un gasto de 7,44 euros (6,1 x 1,22 euro/litro). El diésel consume 4,8 litros, por lo que recorrer la misma distancia implicaría un coste de 6,24 euros (4,8 x 1,30 euro/litro).

La diferencia es de 1,2 euros –ó de 0,012 cada kilómetro-. A partir de este cálculo, habría que hacer 160.833 kilómetros con el modelo diésel para amortizar los 1.930 euros de diferencia (1.930 / 0,012).

Ahora que cada uno se haga sus cuentas, lo que está claro, es que si el diésel sigue subiendo la balanza poco a poco se decantará más por la vía de la gasolina, pero como actuaran los mercados a largo plazo es difícil de predecir

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