Alfonso de Portago, a pesar del desconocimiento de muchos, merece quedar en la historia como una figura clave del automovilismo español. Y es que Fernando Alonso, no fue el primer piloto nacional en competir con la Scuderia Ferrari. Cincuenta y cuatro años antes, ya lo hizo el Marqués de Portago.

Coincidiendo con la época en la que la competición era un espectáculo de caballeros, la mayor parte, adinerados, de Portago demostró que su valía no era cuestión de talonario. Toda una socialité de la época, y con fama de casanova, sería la actriz  Linda Christian, quien literalmente le diese su último beso en aquel día trágico del año 57.

Alfonso de Portago, o como coloquialmente le llamaban, Fon de Portago, mostró de forma muy temprana gran pasión por el deporte. Llegando incluso a competir en los Juegos Olímpicos de Cortina d’Ampezzo de 1956 en la modalidad de Bobsleigh. No obstante, su gran pasión sería sin duda el automovilismo.

A través de su amistad con el estadounidense Edmund Nelson, quien acabaría convirtiéndose en su copiloto, consiguió adentrarse en la competición debutando en la Carrera Panamericana de 1954. De Portago, que tenía el objetivo de convertirse en campeón del mundo, conducía pisando siempre el pedal a fondo. Un modo de conducción agresivo que le provocó varios accidentes en circuitos como Nürburgring o Silverstone, donde se rompió la pierna.

Pero aquello no frenó lo más mínimo sus ambiciones, y se puso en contacto directamente con el mismísimo Enzo Ferrari con el objetivo de competir en su equipo. Ante esta petición,cuenta la leyenda, que Il Commendatore respondió enviándole a De Portago una fotografía de su accidente en Nürburgring.

Sea como fuere, lo cierto es que finalmente De Portago fue invitado a unirse a las filas de la Scuderia, compartiendo equipo con nadie menos que Fangio.

Llegando a competir en cinco Grandes premios, su estreno con Il Cavallino Rampante, sería en el GP de Francia de 1956. Peter Collins se alzó vencedor, y De Portago tendría que abandonar en la vuelta 20 como consecuencia de una avería en la caja de cambios.

De forma precoz, los directivos e ingenieros de Ferrari detectaron el talento natural que tenía De Portago en las competiciones de resistencia y de largo recorrido. Algo que se confirmó con su victoria en el Tour Auto de Francia del año 56, batiéndose el primer puesto con el Mercedes de Stirling Moss.

Esta victoria significativa para Ferrari, comenzó la tradición de adjuntar el sobrenombre de “Tour de France” a los posteriores Ferraris 250GT de la saga.

Paralelamente, Ferrari inscribió a De Portago para que compitiese en La Mille Miglia de 1957. En la que sería su XXIV edición desde su fundación.

Al volante de un Ferrari 335S, De Portago tendría que partir desde la localidad de Brescia al norte de Italia, bajar hasta Roma, y volver nuevamente a Brescia. Una odisea a altas velocidades que compartiría con su copiloto Edmund Nelson.

Cuando De Portago y Nelson entran en Roma, van cuartos en la clasificación. Con un poco de suerte, consiguen meterse en el podio. Sin embargo, entre el público De Portago divisa a Linda Christian, y de forma sorprendente, detiene su vehículo para darle un beso que inmortalizarían los fotógrafos. Ambos acuerdan verse nuevamente en Brescia.

Al llegar a la localidad de Gudizzolo, a escasos 45 km de llegar a la meta, uno de los neumáticos delanteros del Ferrari 335S revienta. De Portago que intenta mantener la trayectoria del vehículo acabaría estrellándose junto a Nelson, y atropellando a diez espectadores. Murieron todos.

El final más trágico en la historia de La Mille Miglia tiene un sabor aún más amargo cuando se revelaron las advertencias que Nelson le repetía a su compañero y amigo. En una carta le llegó a decir que no llegaría vivo a los 30 años. Tristemente, estaría en lo cierto.

La desolación por el fallecimiento de De Portago afectó profundamente a Linda Christian,y también a su amor eterno, Dorian Leigh. Considerada la primer supermodelo de la historia, tuvo con De Portago una relación extramatrimonial que dio fruto a un hijo de nombre Kim Blas Parker. El muchacho, acabaría suicidándose a la edad de 20 años tras graves problemas con las drogas.

Los 28 años de vida de De Portago, aunque cortos, no fueron escasos de intensidad. Cuentan que una vez le retaron a atravesar el Támesis pilotando una avioneta y cruzando el Puente de la Torre de Londres (Tower Bridge) por debajo. Aquel día se acabó ganando 500 dólares.

“Bonus Track”

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