No hay lugar a dudas. La práctica totalidad de los conductores se preguntárá en algún momento, si desviar su camino o no ante la presencia de un bache. Desviarse podría suponer dar un susto de consecuencias imprevistas al resto de usuarios de la vía. No hacerlo, arriesgarse a tener un pinchazo, doblar una llanta o incluso desalinear la dirección. Todos los que no poseen la habilidad para no alinear esos cráteres de la carretera entre las ruedas pueden acabar pagando cientos de euros por los daños que provocan los baches.

A veces parece imposible que ciertos baches no sean causados por petardos o explosiones en miniatura. Sin embargo, todos ellos están tallados por el agua. El proceso suele comenzar con una pequeña grieta que se llena de líquido elemento. Cuando el agua se congela, se expande y, cuando eso sucede, empuja el asfalto hacia fuera y hacia arriba. Puede que hayas pensado lo mismo que nosotros: “Sí, lo mismo que cuando olvidas un refresco o una cervez en el congelador y cuando vuelves, te encuentras con un volcán que ha salido de la botella.

Es como una reacción en cadena. Una vez que hay un punto débil, empieza a entrar lentamente el agua, que crea crea grietas más grandes , y luego más agua se mete en ella, y las grietas se hacen más grandes… Ese proceso se ve agravado por el tráfico, así que no es sólo malo para tu coche pillar un bache. También es malo para la carretera.

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Los baches también pueden formar cuando el agua entra por debajo de la carretera. Si la base debajo de la vía está húmedo, puede hundirse. El peso de los coches y camiones no hace más que repisar el terreno, que con el tiempo, se agrieta. Esto crea las condiciones perfectas para que el agua resbale y cause estragos.

Si te parece que esos hoyos que ves en el camino están creciendo últimamente y parece que invaden la carretera semana tras semana, tranquilo. No es un espejismo, probablemente tengas razón. Enero, febrero y marzo son los peores meses para los baches, ya que el agua en las vías se congela rápidamente, se descongelar y se congelar de nuevo, rompiendo el asfalto de las calles en un movimiento de acordeón.

Solamente en la ciudad de Nueva York, hay días que rellenan 5.000 baches al día, aunque el proceso de parcheo es diferente en función de la época del año que sea. En España el proceso es similar. En verano vemos hordas de trabajadores de obras públicas (en estos años de crisis menos), afanándose en echar asfalto caliente en los hoyos para que luego una apisonadora intente igualarlo con el resto de la calzada. En invierno este proceso no puede realizarse debido a que se enfriarían demasiado rápido los pliegues entre el asfalto nuevo y el viejo. Eso, destrozaría aún más el pavimento. La solución es una mezcla especial de asfalto, más pegajoso y flexible… pero también más caro. Hay nuevos productos para rellenar baches y evitar que crezcan, pero aún no están muy extendidos.

En invierno también se trabaja menos en obra pública porque no puede quedar agua en el agujero antes de rellenarlo. Si el agua se mezcla con es asfalto aceitoso podría debilitarse… y si el agua atrapada llega a congelarse, arruinaría todo el trabajo. Por eso los parches que vemos en la carretera o en nuestras calles suelen ponerse en verano. Uno de estos apaños dura varios años… o unas pocas semanas, pero la experiencia indica que los arrglados en verano duran más que los de invierno, simplemente porque es más fácil que no quede humedad en ellos. Esperemos ver pronto en nuestras carreteras esta máquina que arregla baches antes de que aparezcan.

Vía: Edmunds

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