Beneficios Psicológicos Conducir-Porsche-Lynne Pearce (7)
Luis Blázquez

¿Cuáles son los beneficios psicológicos de conducir?

Si te gusta conducir, no hace falta convencerte de que realizar dicha actividad es buena para tu salud mental. Si no es el caso, pero te gusta llevar una vida sana, prueba a cogerle más el gusto, pues está demostrado científicamente que el mero hecho de conducir proporciona beneficios psicológicos. No solo estrés y angustia cuando andas en hora punta por una zona concurrida, también tranquilidad para poder liberar la mente hacia otros asuntos.

La profesora Lynne Pearce enseña teoría literaria y cultural en la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido. Hija de un mecánico y propietario de un garaje, ha escrito extensamente sobre los beneficios de practicar el hábito de conducir, incluido el libro “Drivetime: Literary Excursions in Automotive Consciousness” (2016). En su escrito, Pearce habla sobre los viajes largos (describiendo sus rutas de 1.300 kilómetros, desde la casa de su infancia en Cornwall, Inglaterra, y su hogar actual en Glasgow, Escocia, durante décadas) para resolver problemas.

Y se refiere tanto a problemas personales como profesionales porque, para ella, el coche ha sido una especie de santuario para la maestra. Un lugar para reflexionar y meditar, un lugar en el que sentirse segura y encontrar inspiración. “Cada vez que me subo experimento una sensación de alivio. Es entonces cuando mi cuerpo se relaja y aprecio el tiempo que tengo para pensar sin interrupciones”, mencionó en una entrevista con Porsche. ¿Quién no ha ido nunca en su coche sin rumbo fijo, tal solo por el propio hecho de conducir?

En su libro, Pearce cuenta que los largos viajes que ha emprendido “han inculcado en mí el amor y la necesidad de conducir como un valioso (de hecho, excepcional) espacio de pensamiento: un anhelado y cercado lapso donde nada se interpone o interrumpe. Muchas de las cosas en las que tenía que pensar, tanto en lo profesional como en lo personal, se desentrañaron y a veces resolvieron en el curso de mis viajes”. Fueron esos sentimientos los que la impulsaron a profundizar en los beneficios psicológicos de pasar tiempo al volante.

“Cuando estaba trabajando en mi libro y comenté que me interesaba lo que pensábamos mientras conducíamos, me encontré con la incredulidad porque existe esta idea errónea de que lo único en lo que podemos pensar cuando estamos en un coche es en la conducción en sí misma. Sin embargo, desde los primeros días del automovilismo, los psicólogos se han interesado en el hecho de que la conducción, además de ser una de las tareas cotidianas más complejas, es también una que libera partes del cerebro para pensar de forma productiva”, explica.

“Ahora se acepta ampliamente que la razón por la que podemos soñar despiertos, trabajar con nuestros pensamientos o tener una conversación al volante con seguridad es porque el ejecutivo central del cerebro permanece alerta todo momento y devolverá nuestra atención a la carretera en un instante, cómo y cuándo sea necesario. Por eso es mucho más difícil pensar en otras cosas aparte de conducir cuando hay mal tiempo, en la oscuridad o cuando se conduce un coche diferente”. Y para cada ocasión, también hay una clase de conducción.

“Desde el regocijo y la euforia asociadas a la velocidad, pasando por la ensoñación y la resolución de problemas que promueve el paseo, hasta la íntima comunión que podemos lograr con el mundo natural cuando estamos conduciendo a través de un hermoso paisaje con las ventanillas bajadas. Encontré que las diferentes formas de conducción inspiran y promueven distintos tipos de pensamiento”, dice. De hecho, son varios los relatos que han demostrado la teoría, como la novela Play It As It Lays (1971) de de Joan Didion.

Además de su función en el departamento de inglés de la Universidad de Lancaster, Pearce es Directora de Humanidades del CeMoRe (Centro de Investigación sobre Movilidades) que ha estado estudiando la automoción y la sostenibilidad desde 2003. Como tal, los vehículos eléctricos e híbridos son de particular interés. También lo es el conducir despacio. “Conducir deprisa puede ser estimulante y cambiar el estado de ánimo. Sin embargo, tengo la fuerte convicción de que en estos días no se disfruta de los placeres que podemos experimentar al ir despacio”.

“Uno de los mayores milagros que nos ha dado el automovilismo es la capacidad de acceder y explorar paisajes apartados, y de conectar con el mundo a través del parabrisas mientras conducimos tranquilamente. Me encanta ir por carreteras secundarias cercanas a donde vivo y conducir despacio me permite vincularme mucho más con el entorno. El silencio y la sensación de ir en eléctrico realmente mejora este tipo de experiencia. […] Un principio es que llegamos a valorar un poco más nuestros vehículos para preservarlos por más tiempo”.

Fuente: Porsche

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