Si le das una galleta a un ratón, te pedirá un vaso de lecho. Por tanto, si a una rata le das un coche, lo conducirá camino hacia su recompensa. Siguiendo esta sencilla premisa, un grupo de investigadores de la Universidad de Richmond en Virginia, Estados Unidos, enseñaron a un grupo de 17 ratas a conducir pequeños coches de plástico a cambio de cereales. Por raro que parezca, el estudio tiene un gran potencial de estudio en humanos.

El experimento involucró dos estamentos de ratas: uno que vivía en un “ambiente enriquecido” y otro que vivía en un laboratorio estándar. Las ratas del primer entorno recibieron jaulas de múltiples niveles, así como objetos que incluían pedazos de madera y bolas de plástico que cambiaban semanalmente. El segundo grupo vivía en jaulas de un solo nivel como la plebe.

La Dra. Kelly Lambert, líder del estudio y profesora de neurociencia conductual, dijo que las ratas se sintieron más relajadas durante la tarea, un hallazgo que podría ayudar con el desarrollo de tratamientos no farmacéuticos para las enfermedades mentales. Lambert y sus compañeros construyeron un pequeño vehículo eléctrico uniendo un frasco de plástico transparente a una placa de aluminio, montado sobre un juego de ruedas.

Una vez que las ratas cumplieron cinco meses de edad, se les presentó al susodicho vehículo, bautizado como ROV por sus siglas en inglés (Rodent Operated Vehicle). Mediante un alambre de cobre que cruzaba horizontalmente el habitáculo del coche, para dirigirlo (izquierda, derecha y centro), la rata se sentaría en la placa de aluminio y tocaría el cable. El circuito se completó y el animal pudo seleccionar la dirección en la que deseaba viajar.

Cuando las ratas agarraban las barras de cobre con sus patas, se creaba una corriente eléctrica que impulsaba el automóvil y movía en diferentes direcciones, dependiendo de la barra a la que se aferraran las ratas. Mover el coche hacia adelante, usualmente llevó a las ratas a cereal Froot Loops. Los resultados mostraron que las ratas de ambiente enriquecido condujeron mejor en comparación con las que viven en las jaulas estándar.

Los científicos sabían que las ratas tenían menos ansiedad cuando conducían por sí mismas mediante el análisis de sus excrementos en la búsqueda de hormonas del estrés. Las pruebas mostraron un aumento de la deshidroepiandrosterona (DHEA), la hormona que frustra el estrés, llegando así a la conclusión de que las ratas que conducían parecían estar menos estresadas que aquellas que eran simplemente pasajeros en versiones de control remoto.

Las ratas de laboratorio entrenadas para conducir los pequeños coches improvisados han demostrado que los pequeños cerebros de estos mamíferos son mucho más capaces de realizar tareas complejas de lo que se creía anteriormente. Y, sorprendentemente, aprender a conducir parecía reducir el estrés de las ratas. Los resultados de esta investigación podrían ayudar a los científicos a comprender la ansiedad y la depresión en los humanos.

“La rata es un modelo apropiado para el cerebro humano en muchos sentidos, ya que tiene las mismas áreas y neuroquímicos que nuestro cerebro, solo que más pequeño, por supuesto”, dijo Lambert. “Aunque los humanos son más complejos que las ratas, buscamos ‘verdades universales’ sobre cómo los cerebros interactúan con los entornos para mantener una salud mental óptima”.

“No hay cura para la esquizofrenia o la depresión, y necesitamos ponernos al día”, mencionó La Dra. Lambert a la agencia de noticias AFP. “Creo que necesitamos observar diferentes modelos animales y diferentes tipos de tareas, y realmente respetar que ese comportamiento puede cambiar nuestra neuroquímica”. Lambert expuso que su equipo se centrará ahora en cómo las ratas tienen la capacidad de aprender habilidades de conducción y por qué parece aliviar el estrés.

No se requirió que las ratas hiciesen un examen de conducir al final del estudio.

Fuente: Universidad de Richmond

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