No, esta foto que ves arriba no es un espejismo, ni un fotograma de una antigua película de ciencia ficción. Desde finales de los 50 y hasta principios de 1960, los parisinos veían en sus paseos matutinos cómo estos autobuses Citroën de dos pisos con aspectos futurista transtaban turistas a lo largo de los Campos Elíseos. Imaginamos que ver a uno de estos buses aparcados en la Plaza de la Concorde, era como si hubiese aterrizado una nave espacial del futuro.

Después de la amargura y la privación que habían supuesto los años de la posguerra, estos autobuses futuristas que se movían por los maravillosos bulevares de París eran como un símbilo del optimismo reinante en Francia. En el marco que suponía el nuevo futuro europeo que se empezaba a construir, estos buses supusieron un impacto equivalente al provocado en la arquitectura por obras coetáneas como la capilla Notre Dame du Haut de Le Corbusier en Ronchamp o el Atomium en Bruselas.

Esta forma fantástica fue diseñada por los carroceros franceses Currus y luego construido por Citroën, utilizando el chasis de camión U55 (un buen número de ellos, pero no sabemos exactamente cuántos). Desataba emociones entre los visitantes que visitaban París en los 50 con el operador turístico Cityrama Groupe. Es un merecido homenaje a la alegría de vivir y refleja el renacimiento del instinto artístico de la Ciudad de las Luces (donde hoy se conmemora al ataque a la Prisión de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, que simboliza el nacimiento de la Francia moderna).

Una vez que los pasajeros superaban su miedo a ser secuestrados por extraterrestres y se aventuraban a subir al autocar, en el interior podían sentirse como auténticos reyes: asientos reclinables con felpa, ventanas panorámicas y claraboyas con cristales polarizados. La cubierta estaba compuesta por paneles de cristal tintado y cuando el tiempo acompañaba y hacía un clima agradable, una gran parte del techo del piso superior podía retirarse.

Te dejamos ya con las mejores imágenes de esta nave espacial parisina. Cuando los comparas con el Citroën U55 convencional, libre de todos esos excesos de la era espacial, el mundo se vuelve más aburrido, más convencional, como si un bofetón de realidad golpease tu cara. Pero siempre nos quedarán los sueños o, como decía Humprey Bogart, en Casablanca, “siempre nos quedará París”.

Vía: Autouniversum
Fotos: LIFE, Flickr de Brimen, Jans Luitjer

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