Cuando uno sobrevuela Indiana camino de Chicago, puede ver a las afueras de South Bend uno de los anuncios de coches más grandes del mundo. Lo forman más de 5.000 pinos, dispuestos para deletrear el nombre de una antigua compañía automovilística que estuvo allí asentada. En realidad no hace falta subirse a un avión. Gracias a Google Maps puedes verlo cómodamente desde Internet.

Pero hay algo que no puedes ver en Google Maps, ni siquiera el rastro, de otro anuncio gigantesco que un día ocupó ese lugar, una réplica de doce metros de largo de un Roadster Studebaker President de 1931 que ves en la foto. Esta réplica, a escala 2,5:1 del President se hizo para apoyar una película promocional de nueve minutos, Wild Flowers, y fue creada por Paul Auman, el jefe del taller de carrocerías experimentales Studebaker en la primavera de 1930, antes de que el modelo saliese a la venta. Los paneles de la carrocería, de pino blanco, se hicieron en la fábrica de Studebaker en South Bend y Firestone fabricó los neumáticos de 2,5 metros de diámetro, asegurándose de que su nombre aparecise bien grande en los laterales. Los radios de las ruedas de alambre se hicieron con cableado eléctrico.

El titán Studebaker

Las fotos que ves aquí son en blanco y negro, pero el President gigante (pesaba cinco toneladas y media) se colocó al lado de la puerta principal. A su lado pusieron la silueta de un hombre, junto al parachoques delantero, apoyado en un cartel que decía: “Este hombre mide dos metros de altura.” Se convirtió en un objeto de culto, con numerosas apariciones en revistas y con el que se fotografiaban los lugareños y los turistas que pasaban por la zona.

El paso del tiempo, los estragos de los duros inviernos de Indiana y el vandalismo de los cazadores de recuerdos, pudieron más que el coche gigante. Su fin llegó en la primavera de 1936. Por orden del presidente de la compañía, varios trabajadores le sacaron los tapacubos y dos neumáticos, lo rociaron con un acelerador, y le prendieron fuego. En menos de media hora, el coche se había reducido a cenizas. Al año siguiente se plantaron los pinos que forman la palabra Studebaker.

¿Ahí se acaba la historia? Pues del Roadster Studebaker President sí, pero no de los coches gigantes de Studebaker de la década de los 30. El año 1934 se celebraba la Feria Mundial a orillas del Lago Michigan, en Chicago, para conmemorar el centenario de la ciudad. El evento era tan importante (debía proporcionar puestos de trabajo en un país sumido en una profunda depresión), que empezó a planificarse en los años veinte. Studebaker, de hecho,  se inscribió para participar en agosto de 1931.

El Studebaker de Chicago

Tenían que participar con algo sensacional, destacar entre todas las compañías automotrices. Podían sacar piezas excepcionales de su museo, como el coche en el que Abraham Lincoln montó para el Teatro Ford la noche de su asesinato… Pero eso no llamaría tanto la atención como hacer el coche más grande jamás construido, incluso mayor que el Roadster Studebaker President.

La empresa decidió hacer una réplica colosal del Land Cruiser President, su coche más caro y lujoso. La armazón era de madera y el exterior de yeso, pero el acabado era tan exacto y auténtico que, según las crónicas de la época, los visitantes debían tocar la superficie con las uñas para comprobar que no era real.

Este Land Cruiser gigante, que presidía la gran sala del edificio de Viajes y Transporte, medía 25 metros de largo, ocho y medio de alto y diez de ancho. El limpiaparabrisas medía un metro, y los neumáticos 3,81 metros de diámetro. Para darle todavía más atractivo, lo pintaron amarillo canario, un color que costaba 80 dólares extra en  los coches de serie. Por debajo se accedía a un auditorio con una capacidad de 80 personas donde se exaltaban las cualidaddes del nuevo Studebaker. El plan de promoción incluía también unas réplicas de unos 20 centímetros de difrentes coches Studebaker, que podían comprarse.

Cuando concluyó la Feria, el Land Cruiser gigante fue desmantelado, pero muchas de las miles de miniaturas sobreviven en manos de coleccionistas. No cabe duda del éxito de esta estrategia publicitaria. De hecho, casi 80 años después, seguimos hablando de ella.

Vía: Hemmings, How Stuff Works
Galería de fotos:
Pertencen al Studebaker National Museum. Otras las hemos visto en Prikol

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