Tambores de guerra sobrevuelan Irán. Las relaciones entre el país de los Ayatolás y occidente es cada vez más tensa. Mientras que a este lado del mundo las potencias condenan el desarrollo de programa nuclear iraní, en el otro extremo Irán moviliza a sus fuerzas armadas en el estrecho de Ormuz, un enclave fundamental para el tránsito de petróleo.

En la escalada de hostilidades, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea han anunciado que aprobarán sanciones al petróleo iraní, además de cancelar los activos de su Banco Central. A partir del próximo lunes los Veintisiete prohibirán la firma de “nuevos contratos” petroleros con Irán, aunque todavía no está decidido el período para extingir los contratos actualmente en vigor. Grecia ha solicitado retrasar el plazo hasta octubre, para así poder buscar proveedores alternativos, un extremo al que se niegan Alemania, Reino Unido y Francia que solicitan una reducción hasta los tres meses.

El inminente embargo es especialmente negativo para España. Así lo ha advertido José Manuel García-Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores que asegura que España cumplirá con los compromisos consensuados en el seno de la Unión, a pesar de que nuestro país es el principal importador europeo de crudo iraní. “Las compañías petroleras españolas ya han tomado las medidas necesarias para diversificar sus recursos”, afirman fuentes diplomáticas. Aunque España apoya el consenso generalizado para restringir los contratos actuales en seis meses, “no sería una tragedia bajar a tres meses”.

El embargo supondrá una subida aún sin calcular del barril de crudo, una circuntanca que repercutirá sin remedio en el precio de las gasolinas, actualmente en máximos históricos. Así funciona la política, la Unión Europea sanciona a Irán y los conductores españoles pagamos las consecuencias.

Vía: Europa Press

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