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Arturo Martin

Ford Pinto, uno de los coches más peligrosos jamás fabricados

Viajamos en el tiempo hasta en 1971, en concreto a unos Estados Unidos que se encontraban inmerso en una competencia automotriz acelerada. Ante la creciente oferta japonesa de compactos, Ford se vio compelido a diseñar y producir rápidamente su propio modelo compacto: el Ford Pinto.

Tras años de ver los toros desde la barrera, en Ford finalmente comprendieron qué los japoneses iban en serio con su oferta masiva de compactos en el mercado y la marca se precipitó en la fabricación y diseño de su propio compacto. Y cuando decimos «precipitó», nos referimos a que Ford pensó, diseñó y creó el Pinto en cuestión de apenas 25 meses. Los requisitos que debía tener dicho modelo eran muy claros, debía ser barato a la vez que ligero.

El motor y el diseño del Ford Pinto

Mientras que el enfoque principal de la historia del Ford Pinto se centra en sus defectos de seguridad y las consecuencias mortales asociadas, es importante mencionar que su diseño y motor también contribuyeron al desastre. El Ford Pinto estaba equipado con una gama de motores de cuatro cilindros en línea, con capacidades que iban desde 1.6 hasta 2.3 litros en un motor (el más vendido) de 110 CV y 930 kilos de peso. Estos motores fueron diseñados para ser económicos y proporcionar un rendimiento decente en términos de eficiencia de combustible, contribuyeron a la popularidad inicial del vehículo.

Sin embargo, el  del motor y su colocación en el vehículo también jugaron un papel en su peligrosidad. La ubicación del motor compacto en la parte delantera del vehículo y su proximidad al parachoques delantero contribuyeron a aumentar el riesgo de intrusiones en la cabina en caso de colisiones frontales, exacerbando aún más los problemas de seguridad ya existentes.

Además, el diseño general del vehículo, destinado a ser económico y atractivo para el mercado de masas, sacrificó consideraciones clave de seguridad en favor de la rentabilidad y la competitividad en el mercado de automóviles compactos.

La siniestralidad del Ford Pinto

Con unos requisitos bastante normales para el mercado actual, pero con una tecnología paupérrima para la época era más que evidente que Ford no estaba, por aquel entonces, lo suficientemente desarrollada como para ofertar algo así y menos para desarrollarlo en poco más de dos años cuando de media se tardaba unos 43 meses en llevar un coche a la calle.

Los directivos hicieron la vista gorda cuando consiguieron sacar el Ford Pinto a un precio económico, bastante ligero y con un diseño interesante. ¿Pero dónde está el gato encerrado en todo esto?

El Pinto tenía unas lagunas de seguridad totalmente negligentes. La carrocería, sí, aportaba ligereza al coche, pero caso de colisión el coche se parecía más a una lata de Cruzcampo aplastada que a un coche siniestro. Bromas aparte, la carrocería era tan endeble que podía atrapar a sus ocupantes en su interior y cruzando los dedos para que el coche no saltase por los aires.

El depósito de combustible se situaba justo detrás del eje trasero por lo que bastaba un leve golpe para que el coche se incendiase. Pero entonces… ¿Ford no hizo pruebas para testar su seguridad? Por supuesto que sí, es más, estaban al tanto de su excesiva peligrosidad, pero les salía caro tanto retirarlo del mercado cómo invertir en mejorarlo. Y a pesar de ser conscientes de los riesgos durante las susodichas pruebas de seguridad, los directivos optaron por obviarlos. El Pinto, a pesar de sus fallas evidentes, se convirtió en un éxito de ventas en el mercado estadounidense, con alrededor de 400.000 unidades vendidas. Ojo…

El Caso Ford Pinto

La tragedia se desató cuando se reveló que al menos 500 personas perdieron la vida en accidentes relacionados con el Ford Pinto. Las protestas públicas instaron a las autoridades a intervenir, desencadenando lo que se conocería como el caso «Ford Pinto». La respuesta inicial de la compañía fue reveladora de sus prioridades: era más rentable indemnizar a las víctimas que retirar el modelo del mercado o invertir en mejoras.

Efectivamente, a Ford entonces sólo le preocupaba hacer dinero y mientras, hacer todo lo posible para evitar que los medios se hiciesen eco del polémico Pinto. Ponerle precio a una vida humana es un dilema ético bastante complejo, pero Ford lo tenía claro: 200.000 dólares.

Cifras aparte, cuando el periodista Mark Dowie destapó la verdad en octubre de 1977 con documentos internos que evidenciaban el conocimiento de Ford de todos los problemas del Pinto y los cálculos de la cifra de indemnización a las víctimas, se empezó a ver la luz sobre el caso.

En su artículo de investigación intentaba esclarecer cómo era posible que una conductora falleciese a causa del incendio producido en su coche por un impacto por detrás a 45 km/h. Fue entonces cuando el propio Mark Dowie tras meses de investigación consiguió acceder al dicho memorando de Ford en el que se reconocía los fallos en seguridad del coche y como era rentable para la marca asumir ese «gasto». Pero esto no fue suficiente.

Solo cuando el presidente de la compañía, Arjay Miller, estuvo a punto de sufrir un destino similar al de las víctimas, Ford empezó a tomar medidas serias. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) intensificó las inspecciones, demostrando que pequeñas modificaciones podrían haber evitado muchas tragedias.

Gracias a que la opinión pública se puso al tanto del escándalo de Ford, la presión social hizo posible las primeras revisiones de los vehículos llegando a conclusiones sorprendentes. Con pequeñas modificaciones, como un aislante de goma alrededor del depósito fabricado por Goodyear para más señas, se hubiesen podido salvar muchas vidas. Finalmente, tras centenares de juicios contra la marca, Ford se vió obligado a retirar el Pinto del mercado y a pagar cuantiosas indemnizaciones que dejaron muy tocada la reputación de la marca.

Vía: Revista Binter, El Economista

[NOTA: Artículo publicado originalmente el 24/3/2018, corregido y ampliado]

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