Si eres un amante de los superdeportivos y los vehículos exclusivos, seguro que alguna vez te has interesado por Koenigsegg. El pequeño fabricante sueco apenas produce un puñado de coches al año, pero el halo que lo rodea es de otro mundo. La marca nacía en 1994, fundada por un Christian von Koenigsegg de apenas 22 años que estaba dispuesto a hacer realidad un sueño que llevaba tiempo rondándole en la cabeza: hacer su propio superdeportivo.

Este entusiasta consiguió que en apenas dos años llegase su primer prototipo y posteriormente en 2002 su primer modelo de producción, el Koenigsegg CC8S. Pero en 2003 la marca sufrió uno de los reveses más duros a los que se ha enfrentado: la fábrica ardía en llamas poco antes del Salón de Ginebra. Por suerte, gracias a los trabajadores se pudo salvar buena parte de los coches y materiales. Se tuvieron que mudar a otra nave situada cerca de la antigua.

Y ahí es donde empieza la historia del fantasma. Las instalaciones pertenecían al gobierno sueco y en las anteriores décadas habían servido a la Fuerza Áerea Sueca. Uno de sus escuadrones adoptó durante una época una librea roja, la frase “The show must go on” y unos fantasmas en sus alas. Se trataba de un símbolo que les representaba, ese mismo fantasma apareció en una de las paredes de la nueva fábrica cuando la visitaron por primera vez.

Entonces Christian von Koenigsegg investigó y lo tomó como una señal. Su “show” debía continuar en ese nuevo lugar y el mismo fantasma sería una seña de identidad en sus coches en honor a las fuerzas aéreas que antes ocupaban el lugar. Una curiosa historia que define a esta empresa, una de las que más apuestan por la innovación. A continuación os dejamos un vídeo con el propietario contándolo personalmente.

Fuente – Jalopnik

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